
Breve reflexion cuaresmal. El ayuno
Estamos en cuaresma, tiempo en el cual la iglesia compele a todos los católicos a hacer penitencia y ayunar durante cuarenta días y cuarenta noches en el desierto.

Estamos en cuaresma, tiempo en el cual la iglesia compele a todos los católicos a hacer penitencia y ayunar durante cuarenta días y cuarenta noches en el desierto.

Nuestros pecados, nuestras miserias e iniquidades son muchas, pero la misericordia de Dios es aún mayor y siempre nos perdonará mediante el sacramento de la confesión.

A Dios le resulta grata la oración de intercesión, máxime si es por personas que no conocemos, porque manifiesta grandeza de alma y confianza en el poder divino.

El cuento de “La Bella y la Bestia” lo podemos leer como una alegoría de cómo con el bautismo recuperamos nuestra figura de Hijos de Dios.

La oración nos ayuda porque nos une a Dios, nos abre al encuentro con Él. La oración es la clave que abre el corazón al Señor.

San José es el modelo de padre, por haber tenido el honor de ser el papá terrenal de Jesús y tener que defender a su hijo de las asechanzas de quienes querían dañarlo.

El adviento nos conduce a mirar simultáneamente hacia adelante y hacia atrás.

Noviembre es el mes que la Iglesia tradicionalmente dedica a pensar en los difuntos, a traer su recuerdo y a pedir especialmente por ellos.

Es importante este mes de la Biblia, pero es más importante lograr tener a Cristo en el centro de nuestra vida familiar y personal siempre.

La eternidad de Dios y la inmediatez de nuestro mundo dan lugar a dos lenguajes inconmensurables: nosotros y, sobre todo, la oración.

Repetimos el Padre Nuestro sin darnos cuenta lo importante que es, pues fue Jesús quien nos ha enseñado a llamarle a Dios “Padre”.

Un peligro de quien habla de Dios es no hablar con él. Para hablar de Dios primero hay que hablar con él.