
Hagamos vida el Padre Nuestro en nuestra familia
Repetimos el Padre Nuestro sin darnos cuenta lo importante que es, pues fue Jesús quien nos ha enseñado a llamarle a Dios “Padre”.

Repetimos el Padre Nuestro sin darnos cuenta lo importante que es, pues fue Jesús quien nos ha enseñado a llamarle a Dios “Padre”.

Un peligro de quien habla de Dios es no hablar con él. Para hablar de Dios primero hay que hablar con él.

La perfección de lo humano es lo cristiano, debido a que Jesús es perfecto hombre y perfecto Dios, modelo acabado de toda perfección humana.

En la oración, es Dios quien nos debe convertir, no somos nosotros los que debemos convertir a Dios.

Cada momento de la vida de Jesús y cada página del Evangelio pueden ser para nosotros objeto de meditación y lugar de encuentro con el Señor.

No podemos ver a Dios con los ojos físicos, pero por todas partes advertimos su presencia y su acción.

La oración se convierte en palabra, canto, poesía que dirigimos a Dios o a la Virgen.

La vida de la fe se aprende con la vivencia cotidiana, ya que no es una ciencia, es fe.

En el pasado, la Cuaresma era el inicio de 40 días de ayuno, penitencia y oración.

Jesucristo mismo instituyó los sacramentos para unirse amorosamente con nosotros en la liturgia.

Precisamente en esta pandemia, la oración nos regresa la perspectiva de amor, paz y solidaridad que transforma nuestro corazón y cambia nuestra actitud.

Mientras más tiempo le dedicamos a Dios y a sus cosas, más tiempo él nos regala para hacer todo lo que tenemos planeado.