
Descanso
La perfección de lo humano es lo cristiano, debido a que Jesús es perfecto hombre y perfecto Dios, modelo acabado de toda perfección humana.

La perfección de lo humano es lo cristiano, debido a que Jesús es perfecto hombre y perfecto Dios, modelo acabado de toda perfección humana.

En la oración, es Dios quien nos debe convertir, no somos nosotros los que debemos convertir a Dios.

Cada momento de la vida de Jesús y cada página del Evangelio pueden ser para nosotros objeto de meditación y lugar de encuentro con el Señor.

No podemos ver a Dios con los ojos físicos, pero por todas partes advertimos su presencia y su acción.

La oración se convierte en palabra, canto, poesía que dirigimos a Dios o a la Virgen.

La vida de la fe se aprende con la vivencia cotidiana, ya que no es una ciencia, es fe.

En el pasado, la Cuaresma era el inicio de 40 días de ayuno, penitencia y oración.

Jesucristo mismo instituyó los sacramentos para unirse amorosamente con nosotros en la liturgia.

Precisamente en esta pandemia, la oración nos regresa la perspectiva de amor, paz y solidaridad que transforma nuestro corazón y cambia nuestra actitud.

Mientras más tiempo le dedicamos a Dios y a sus cosas, más tiempo él nos regala para hacer todo lo que tenemos planeado.

Ahora que muchos han aprovechado este tiempo para recibir algunas clases de modo virtual, el papa Francisco nos invita a aprender a través de una cátedra accesible a todos, incluso sin ningún medio electrónico.

La fe en el amor y en la atención de Dios a nuestras plegarias es un don que debemos pedir y aceptar.