
El Bautismo de Jesús, camino para nuestra familia
La familia es el lugar donde aprendemos a amar y a tratarnos como hijos de Dios por lo que nosotros como papás debemos enseñarles a nuestros hijos cómo se hace.

La familia es el lugar donde aprendemos a amar y a tratarnos como hijos de Dios por lo que nosotros como papás debemos enseñarles a nuestros hijos cómo se hace.

Al contemplar el nacimiento de Jesús, no podemos olvidar que nos encontramos frente a un gran misterio y requerimos verlo con los ojos de la fe, pues lo divino nos supera.

La oración es la elevación de la mente para –en un plano de visión sobrenatural-
alabar al Señor, darle gracias por los beneficios recibidos y pedirle todo lo que
necesitemos.

A nosotros también la Palabra divina nos impulsará a vivir una caridad alegre con los demás.

Como peregrinos de esperanza, dice el Papa León XIV, los cristianos estamos llamados a implicarnos en el mundo, “buscando a Dios con nuestra mente, nuestro corazón y nuestras obras, y reconociendo su presencia en los diferentes acontecimientos de la vida cotidiana”.

La llegada de Jesús es motivo de mucha alegría y si hemos preparado nuestro corazón, se nos debe notar.

Quien desprecia los vínculos fundamentales y no aprende a soportar incluso sus fragilidades, se vuelve más intolerante e incapaz de interactuar.

La virgen de Guadalupe es un códice toda ella, es decir, cada elemento de la imagen tiene un significado, tanto para los indígenas como para los españoles que la recibieron.

Los grandes directores dan voz a los sentimientos complejos y a veces oscuros que habitan el corazón humano; ayudan a reencontrarse consigo mismo, a mirar con nuevos ojos la complejidad de su propia experiencia y al mundo.

La vida espiritual también es importante, por eso debemos propiciarla y fomentarla en nuestros hijos y el adviento es tiempo propicio para lograrlo.

Vivimos una época que premia la autosuficiencia y rendimiento.

La oración y la visita al Santísimo son excelentes momentos para escuchar a Dios