
¿Me desesperan mis hijos? Lo que más conmovió al Papa
“Un pueblo que es capaz de tener hijos y después los muestra, los hace ver así, como diciendo: este es mi tesoro, es un pueblo que tiene esperanza y tiene futuro”

“Un pueblo que es capaz de tener hijos y después los muestra, los hace ver así, como diciendo: este es mi tesoro, es un pueblo que tiene esperanza y tiene futuro”

Nuestro Señor no abandona a nadie y está al lado de quienes sufren algún daño y de sus seres queridos.

Sabemos Señor que tú sabes sacar, de los grandes males, bienes aún mayores, aunque a veces, lo reconozco, no me doy cuenta o no me lo parezca así.

Esa espiral del silencio coloca en la oscuridad muchas injusticias que se cometen continuamente, haciendo que la opinión pública no sea sensible a ellas.

En ocasiones la tristeza está causada por el egoísmo. Sucede cuando se vive sólo para uno mismo, es una “autorreferencialidad”, sin tener en cuenta a los demás.

No es exagerado afirmar que la fe ha inspirado los monumentos artísticos y culturales más grandes de la humanidad. Tal dependencia, lejos de empobrecer al arte, lo llevó a su clímax.

Quien está débil de fe, es fácil que caiga en supersticiones. Con Cristo estamos seguros, a pesar de nuestras miserias y debilidades, sobre todo cuando nos ponemos de rodillas y adoramos al Señor, como los discípulos.

Lo sagrado es, por definición, aquello que se sustrae del uso común. Y si es así, es porque para algún grupo de la sociedad, representa algo de sumo valor.

Juan ha dejado de ser un adolescente; pasa, por la madurez, que ha adquirido, con todas las características de la edad, a partir de los diez y ocho años. Entonces empieza para Juan una vida nueva.

El Papa Francisco dijo que “creemos y sabemos que la muerte y el odio no son la última palabra pronunciada sobre la vida humana. Ser cristianos implica una nueva perspectiva: una mirada llena de esperanza”.

La grandeza cultural del cristianismo dio lugar a un Velázquez, a un Cervantes y a tantos otros que han dejado piezas inmortales a la cultura universal, mientras que el laicismo no puede sino parodiarlas.

Los cristianos hemos de tener afán de conocer la vida de los primeros que acompañaron a Jesús. No sólo para conocerlos sino para imitarlos. Juan es un testigo creíble, muy creíble.