
En la Semana Santa. Un grito de amor
La Cuaresma nos invita a escuchar el grito de Jesús: un acto de amor que vence incluso el silencio.

La Cuaresma nos invita a escuchar el grito de Jesús: un acto de amor que vence incluso el silencio.

La Iglesia no es solo una institución: es el encuentro entre Dios y el ser humano, un llamado a la unidad y al amor.

La Palabra de Dios no solo se estudia, se vive. En ella encontramos verdad, dirección y la presencia de Cristo que transforma nuestra vida.

La Sagrada Escritura es un espacio privilegiado de encuentro en el que Dios sigue hablando a los hombres y a las mujeres de todos los tiempos, para que, escuchándolo, puedan conocerlo y amarlo.

La historia de san Francisco de Sales recuerda que la paciencia y la amabilidad tienen un poder silencioso: pueden cambiar corazones, reconciliar personas y abrir caminos donde antes había conflicto.

“Tenemos dos oídos y una lengua para escuchar más y hablar menos”.
En su primer mensaje de Cuaresma, el Papa León XIV invita a poner a Dios en el centro y comenzar la conversión aprendiendo a escuchar.

Transmitir la verdad sin deformarla es un reto humano. La fe cristiana sostiene que la Tradición y el Espíritu Santo garantizan la fidelidad del mensaje a lo largo del tiempo.

Al leer el Evangelio aprenderemos a tener los mismos sentimientos de Jesús y nos abandonamos con confianza en el amor infinito del Padre.

1) Para saber “La amistad o nace entre iguales o los hace tales”. Con esta frase de san Agustín, el Papa León XIV nos recuerda que

La Iglesia es la sociedad más grandiosa que hay en el mundo. Pero no se la puede juzgar por los malos frutos caídos debido a su infidelidad a la Iglesia.

Ser bautizados es asumir una forma de vivir: servir y no dominar, salvar y no condenar. El Bautismo nos une a Cristo y nos hace hermanos, formando la Iglesia. Por eso la fe no se posterga: padres y padrinos reciben el compromiso de educar con alegría, coherencia y testimonio.

Porque ¡Dios es amor! Esta es la revelación inefable, de la que el Jubileo, con su pedagogía, con su indulgencia, con su perdón y finalmente con su paz… nos ha querido llenar el espíritu hoy y siempre: ¡Dios es amor!