
Aprender del Belén. Acercarnos al misterio
Al contemplar el nacimiento de Jesús, no podemos olvidar que nos encontramos frente a un gran misterio y requerimos verlo con los ojos de la fe, pues lo divino nos supera.

Al contemplar el nacimiento de Jesús, no podemos olvidar que nos encontramos frente a un gran misterio y requerimos verlo con los ojos de la fe, pues lo divino nos supera.

A nosotros también la Palabra divina nos impulsará a vivir una caridad alegre con los demás.

Como peregrinos de esperanza, dice el Papa León XIV, los cristianos estamos llamados a implicarnos en el mundo, “buscando a Dios con nuestra mente, nuestro corazón y nuestras obras, y reconociendo su presencia en los diferentes acontecimientos de la vida cotidiana”.

Quien desprecia los vínculos fundamentales y no aprende a soportar incluso sus fragilidades, se vuelve más intolerante e incapaz de interactuar.

Los grandes directores dan voz a los sentimientos complejos y a veces oscuros que habitan el corazón humano; ayudan a reencontrarse consigo mismo, a mirar con nuevos ojos la complejidad de su propia experiencia y al mundo.

Vivimos una época que premia la autosuficiencia y rendimiento.

Hoy en día la hospitalidad monástica benedictina permanece como signo de la Iglesia que abre las puertas, que acoge sin preguntar, que cura sin exigir nada a cambio.

Jesús se presentó al mundo no sólo como Mesías pobre sino como Mesías de los pobres y para los pobres, concluyó el Papa León.

El Papa nos invita a no bajar la guardia respecto a la pobreza, porque no es posible olvidar a los pobres y seguir el Evangelio.

En la vida no es necesario tenerlo todo bajo control. Basta con elegir cada día amar con libertad, para ser felices.

Se dice que la esperanza es lo que hace que sigas respirando, incluso cuando la presión de la vida te está asfixiando. Pero esa esperanza ha de estar bien apoyada en algo verdadero y confiable.

El perdón libera a quien lo ofrece, pues disuelve el resentimiento, devuelve la paz, aunque el otro no lo acoja.