Hemos entrado en el segundo periodo del tiempo ordinario de este año litúrgico y muchas veces nos cuesta trabajo adaptarnos ya que hemos pasado varias fiestas desde la Pascua, por lo que nuestro ritmo de vida se vió modificado, pero en nuestras manos está retomarlo y hacer que sea algo extraordinario, por eso aquí te dejo mis 5Tips para lograrlo.
PRIMERO. Descubre a Dios en la vida cotidiana.
El ritmo de vida que llevamos y las mil preocupaciones que tenemos no nos permiten ver a Dios en nuestro día a día, pero es necesario que nos demos tiempo para notar los detalles y regalos que Dios nos hace a cada momento.
Detenernos y observar el cielo, mirar a los lados y darnos cuenta que estamos rodeados de nuestra familia y seres queridos, darnos cuenta que las flores y los árboles, el aire que respiramos y que nos permite estar vivos es un gran regalo, etc. entonces nos podemos dar cuenta de que Dios esta con nosotros todo el tiempo y que nos hace regalos especiales día a día.
¿No te ha pasado que de pronto encuentras a un amigo especial que habías dejado de ver? ¿o encuentras el detalle que tanto necesitabas para la fiesta de tus hijos con un gran descuento? ¿o después de mucho tiempo le encuentran el desperfecto a tu coche y en unas horas queda listo para usarlo justo antes de que necesitaras viajar? Todo eso son regalos de Dios, muestra de que está con nosotros y nos cuida siempre, dándonos lo que necesitamos en el momento justo.
Si educamos a nuestros hijos para que desde pequeños se den cuenta de todo esto les será más fácil la vida y serán más agradecidos con Dios. Además de que vivirán más felices, a pesar de la prisa y las preocupaciones.
SEGUNDO. Convierte en oración lo cotidiano.
No hace falta esperar fechas especiales. Nuestro estilo de vida puede ser el de convertir lo que hacemos día a día en una oración.
Antes de comer, al salir de casa, antes de comenzar a estudiar o antes de dormir, es bueno dedicar unos minutos para agradecer a Dios por todo lo que nos da, pedirle ayuda en algún problema específico del que no encontramos solución o compatir una intención familiar. Es necesario que nuestros hijos se den cuenta que oramos y que lo hacemos con palabras, con nuestras acciones y en lo cotidiano, es decir, en nuestro día a día.
Si hacemos de nuestra vida una oración, estaremos generando un estilo de vida especial donde la constancia, la caridad, la humildad y la sencillez de corazón son valores importantes y donde el día a día transforma más que un evento ocasional.
TERCERO. Haz una lista de las cosas que te cuestan más trabajo.
Sabemos que hay cosas que son difíciles y dentro de esas hay algunas otras que nos cuestan mucho trabajo por lo que es bueno hacer conciencia de ello y ponerlas en una lista.
Así podremos implementar acciones que nos ayuden a superarlas, haciendo extraordinarios los esfuerzos ordinarios.
La lista puede ser personal y también podemos hacer una familiar.
CUARTO. Procura ofrecer tu día.
Ya conscientes de lo que tenemos y somos, es momento de ofrecer nuestro día y sus afanes a Dios para que sea Él quien dé los frutos a nuestro trabajo y esfuerzo.
Esto no siempre es sencillo ya que cuando vienen los momentos difíciles, a veces se nos olvida voltear los ojos a Dios y darle gracias por todo y ofrecerlo todo.
Es en estos momentos cuando más podemos ofrecer ya que casi siempre brincan nuestras carencias, nuestras debilidades y nuestros puntos flacos y si los ofrecemos, le estamos dando el control de nuestra vida a Dios para que sea Él quien nos fortalezca y nos de las virtudes que necesitamos para salir adelante, haciendo su Voluntad.
Claro que esto es un proceso y que es muy normal si no siempre logramos hacerlo o si de pronto se nos olvida hacer el ofrecimiento.
Lo importante es que nos demos cuenta y que volvamos a ofrecerle a Dios todo lo que hacemos en cada día.
Y QUINTO. Esmérate por hacer con amor lo cotidiano.
Y es que sólo así logramos hacer que nuestra voluntad se alinee con la de Dios.
Solo por amor podemos hacer nuestras labores bien, solo por amor podemos pasar los tragos amargos de la mano de Dios, solo por amor podemos cumplir con nuestras labores en casa de la mejor manera y sin renegar, solo por amor podemos estudiar y trabajar extraordinariamente.
Llevar una vida extraordinaria no solo depende de nuestros esfuerzos sino que depende de que pongamos todo en manos de Dios y hagamos lo que nos toca de la mejor manera.
En los pequeños detalles está la diferencia y lo que hace extraordinario el día a día. ¿Estamos dispuestos a hacer de lo ordinario algo extraordinario?
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