El mes de agosto es un mes especial ya que la Iglesia lo ha dedicado a la oración por los sacerdotes y como familia podemos contribuir a orar por ellos y también a cuidarlos.
Los sacerdotes son hombres que han decidido entregar su vida a Dios y al servicio de su pueblo. Una familia que ora por ellos, los anima y los acompaña contribuye a que ejerzan su ministerio con esperanza y alegría, fortaleciendo así la vida de toda la Iglesia.
Y nosotros como papás podemos educar a nuestros hijos para que conozcan y procuren a los sacerdotes, por eso aquí te dejo mis 5Tips para lograrlo.
Primero. Recemos por ellos todos los días.
Es bueno que acostumbremos que se rece en familia por nuestros sacerdotes, en especial por nuestro párroco, por quienes nos han impartido los sacramentos y han estado presentes en nuestra vida.
Es bueno pedir por su salud, por su fidelidad, por su fortaleza, por su perseverancia y por su alegría en el ministerio.
Y si hacemos un ramillete espiritual para regalárselo el día del aniversario de su ordenación sacerdotal o en su cumpleaños, sería muy alentador para él ya que se dará cuenta de que lo apreciamos y oramos por él, que puede contar con nosotros.
Segundo. Es necesario acogerlos con gratitud, cercanía y respeto.
Un saludo, una palabra de ánimo o un gesto de agradecimiento pueden fortalecer mucho a un sacerdote.
Si los invitamos a comer, le preguntamos cómo se siente o si necesita algo en el día, seguro que se sentirán acogidos por la familia, pero debemos tener cuidado de que todo sea con gran respeto y cuidando de que no haya nada que pueda dañar la buena fama del sacerdote ya que hay personas que ven mal que asistan a las casas de los feligreses.
En realidad, no tiene nada de malo siempre que todo esté dentro de lo correcto, lo bueno y lo verdadero, buscando su bien y ayudándole en lo que más podamos. Hacerle saber que su servicio da frutos es una forma de sostener su vocación.
Tercero. Respetemos su tiempo de descanso, que es poco.
No sé por qué hay personas que piensan que los sacerdotes están hechos de acero, que no se cansan o que tienen batería ilimitada.
No hay cosa más falsa, los sacerdotes también necesitan descansar, comer, distraerse, convivir con su familia y recuperar fuerzas.
¿Sabemos cuándo es el día de descanso de nuestro párroco? Si no, es necesario tomarlo en cuenta para evitar solicitar asuntos que pueden esperar y no bloquear así su descanso. Si comenzamos nosotros a respetarlo, seguro que los demás lo harán.
Cuarto. Colaboremos activamente en la vida parroquial.
Participar en la vida pastoral de la Iglesia y colaborar con la misión particular de la parroquia, ayudan a que el sacerdote no cargue solo con todas las responsabilidades, por eso existen los consejos de pastoral, para caminar juntos.
La corresponsabilidad fortalece a toda la comunidad y al sacerdote le da estabilidad.
Y quinto. Hablemos de ellos y con ellos con respeto y caridad.
La sociedad está muy polarizada y no falta quien esté en contra de los sacerdotes y aproveche cualquier comentario para echarles tierra, por eso nosotros debemos de evitar las críticas destructivas, los rumores, los chismes y las mentiras, especialmente enfrente de nuestros hijos.
Si hay alguna inquietud, siempre es mejor dialogar con respeto y caridad, de frente al sacerdote y en un ambiente tranquilo y seguro para evitar malentendidos.
Y cuando nos dirijamos a él hagámoslo con respeto, buscando su bien y evitando que otros mal entiendan las interacciones, así le estaremos cuidando también en este aspecto.
Cuando la familia está atenta a las necesidades de los sacerdotes y busca cuidarlos en todos los aspectos, estamos educando a nuestros hijos para que ellos también lo hagan, los aprecien y, quien sabe si en algún momento, les llame la atención esta vocación tan especial.
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