
Rescatar el Espíritu Olímpico
El mensaje que transmiten las olimpiadas empata bastante bien con el ideal cristiano de unidad y de paz.

El mensaje que transmiten las olimpiadas empata bastante bien con el ideal cristiano de unidad y de paz.

Repetimos el Padre Nuestro sin darnos cuenta lo importante que es, pues fue Jesús quien nos ha enseñado a llamarle a Dios “Padre”.

La perfección de lo humano es lo cristiano, debido a que Jesús es perfecto hombre y perfecto Dios, modelo acabado de toda perfección humana.

No podemos ver a Dios con los ojos físicos, pero por todas partes advertimos su presencia y su acción.

Dios es un apasionado enamorado del hombre que, para que sus hijos tengan paz y alegría, ha ideado el sacramento de la reconciliación.

La peor secuela de la pandemia será tener mucho miedo, ansiedad, depresión, angustia, rencor, rabia, furia y mucha incertidumbre.

Precisamente en esta pandemia, la oración nos regresa la perspectiva de amor, paz y solidaridad que transforma nuestro corazón y cambia nuestra actitud.

Es necesario pedir al Señor por la salud, por el remedio misericordioso a la pandemia, pero además hay que pedir que Jesús nos dé Su paz.

La paz no es sólo la ausencia de guerra ni la falta de violencia. Si así fuera, los cementerios serían un modelo de paz.

Hoy los católicos en todo el mundo oramos para que “Dios nos conceda fortalecer todo aquello que nos une y sobrepasar todo aquello que nos separa”.

En necesario salvaguardar el planeta y profundiza en la necesidad de recomponer la relación entre Dios, la humanidad y la creación, como un camino hacia la paz.

Celebramos a los niños, imagen del Niño Dios; nos hacemos regalos los unos a los otros para recordar el gran regalo que Dios nos hace, su propio Hijo.