
La Santísima Virgen María, madre de Dios y madre nuestra
María Santísima es modelo de mujer y de madre, por lo que debemos conocer sus virtudes para después poder imitarlas en lo personal y educar a nuestros hijos en ellas.

María Santísima es modelo de mujer y de madre, por lo que debemos conocer sus virtudes para después poder imitarlas en lo personal y educar a nuestros hijos en ellas.

“Cada hijo es un reflejo viviente del amor conyugal entre los esposos, signo permanente de la unidad y síntesis viva e inseparable del padre y de la madre”.

El amor no es envidioso por lo que debemos enseñar a nuestros hijos a alegrarse con la felicidad de los demás.

Se debe respetar la naturaleza y cuidar del planeta, pero como parte de nuestra responsabilidad extendida, nuestra responsabilidad con los hombres del mañana.

Es básico recordar que se educa con el ejemplo, así que debemos empezar por nosotros mismos para que nuestros hijos lo puedan hacer.

El Niño Jesús está más cercano espiritualmente de aquellos que sufren, por el motivo que sea, y que se ven abocados a vivir una navidad oscura.

Nuestros hijos deben saber y comprender que la felicidad no está en lo externo, sino en su capacidad de disfrutar al máximo lo que Dios les da.

La familia debe ser un lugar seguro para cuidar la vocación de nuestros hijos y donde haya un ambiente adecuado a lo que cada uno de ellos va descubriendo.

La paternidad debe flexibilizarse y ser capaz de asumir también los roles que antiguamente eran feudo exclusivo de la mujer.

Es importante que les enseñemos a nuestros pequeños a que deben ser alegres por lo que son y no por lo que tienen.

El verdadero amor no “se acaba”, se abandona, se destruye, no es un acabarse inherente al amor, sino un resultado de lo que sobre ese amor hacemos o dejamos de hacer.

Inicia el adviento porque se acerca Navidad, pero ahora lo viviremos muy diferente porque podremos reflexionar sobre el por qué existe esta época de preparación.