
La familia, lugar donde se custodian y cultivan las vocaciones
Acompañar la vocación de un hijo es ayudarle a descubrir el camino que lo haga verdaderamente feliz. Con oración, escucha y ejemplo, cualquier estado de vida puede llevar a la santidad.

Acompañar la vocación de un hijo es ayudarle a descubrir el camino que lo haga verdaderamente feliz. Con oración, escucha y ejemplo, cualquier estado de vida puede llevar a la santidad.

Amar es la base de todo caminar en familia. Apoyar sin asfixiar, acoger con el corazón y educar desde la caridad permite formar hijos seguros, empáticos y responsables. Cuando el amor guía nuestras decisiones, los intereses personales se alinean con el bien común y la familia se fortalece.

Recordemos que la boca habla de lo que está lleno el corazón.

Papá debe estar al pendiente de que cada niño reciba los sacramentos que le tocan, que reciba la formación espiritual que necesita.

Debemos educar a nuestros hijos para que compartan el Amor que Dios les da a diario y qué mejor lugar para hacerlo que con sus hermanos, con sus papás, y con los más cercanos.

Es necesario que nuestros hijos sepan que tenemos un Padre amoroso que nos cuida siempre y que está atento a nuestras peticiones.

Dios no espera nuestros esfuerzos para venir a nosotros y no se rinde si tardamos en responderle; al contrario, Él toma la iniciativa.

Agosto es el mes que la Iglesia ha dedicado a orar por los sacerdotes y nosotros como familia podemos sumarnos de muy variadas formas.

Cuando no escuchamos, nos perdemos de la posibilidad de conocer a fondo a las personas o situaciones.

Cada cuenta del rosario es como una flor que le entregamos salida de nuestro corazón, por eso es bueno enseñar a nuestros hijos a rezarlo con paciencia y amor.

Que nuestros hijos vean que celebramos una gran fiesta para Jesús y signo visible no podemos olvidar arrullar al niñito Jesús en la Nochebuena.

Una familia ha de ser un lugar donde las diferentes personas que la componen vivan unidas en el amor.