
Magnifica Humanitas (5). Para una sociedad justa
El bien común comienza cuando dejamos de pensar solo en nosotros y ponemos nuestros talentos al servicio de los demás. Esa es la invitación de esta reflexión.

El bien común comienza cuando dejamos de pensar solo en nosotros y ponemos nuestros talentos al servicio de los demás. Esa es la invitación de esta reflexión.

El diálogo auténtico comienza cuando buscamos la verdad juntos, incluso entre visiones y conocimientos diferentes.

Amar es la base de todo caminar en familia. Apoyar sin asfixiar, acoger con el corazón y educar desde la caridad permite formar hijos seguros, empáticos y responsables. Cuando el amor guía nuestras decisiones, los intereses personales se alinean con el bien común y la familia se fortalece.

Orar es dialogar con Dios con calma y sin presiones, porque orar lleva tiempo. Tiempo para hablar y tiempo para escuchar, por lo que en realidad es un diálogo entre nosotros y Dios.

La tentación diabólica hace creer que Dios no es bueno y se le echa la culpa de las guerras, las muertes de inocentes, etc.

La alegría no está en la biblioteca, encerrada, sino que hay que descubrirla en nuestro diálogo con los demás, donde compartimos la alegría que hemos recibido.

Nuestras acciones pueden ser inspiración para los que no saben por dónde seguir, es por esto que debemos tratar de actuar siempre conforme al Amor de Dios.

Si nuestras obras están basadas en el Amor, seguro serán obras buenas y no tendrán cabida los malos sentimientos o pensamientos.

La oración nos ayuda porque nos une a Dios, nos abre al encuentro con Él. La oración es la clave que abre el corazón al Señor.

La eternidad de Dios y la inmediatez de nuestro mundo dan lugar a dos lenguajes inconmensurables: nosotros y, sobre todo, la oración.

En la oración, es Dios quien nos debe convertir, no somos nosotros los que debemos convertir a Dios.

Mientras más tiempo le dedicamos a Dios y a sus cosas, más tiempo él nos regala para hacer todo lo que tenemos planeado.