
El poder de la amabilidad. “Todo por amor”
La historia de san Francisco de Sales recuerda que la paciencia y la amabilidad tienen un poder silencioso: pueden cambiar corazones, reconciliar personas y abrir caminos donde antes había conflicto.

La historia de san Francisco de Sales recuerda que la paciencia y la amabilidad tienen un poder silencioso: pueden cambiar corazones, reconciliar personas y abrir caminos donde antes había conflicto.

“Tenemos dos oídos y una lengua para escuchar más y hablar menos”.
En su primer mensaje de Cuaresma, el Papa León XIV invita a poner a Dios en el centro y comenzar la conversión aprendiendo a escuchar.

Como cada año, se llega el tiempo de la cuaresma, que no es otra cosa que un tiempo de preparación para la gran solemnidad de la Pascua.

La Cuaresma se construye día a día y en familia. Pequeños sacrificios, actos de amor, oración y reflexión pueden transformar este tiempo en una experiencia espiritual profunda. Aún estamos a tiempo de prepararnos y vivir un Miércoles de Ceniza con verdadero sentido.

Al inicio de la Cuaresma, volvemos a asombrarnos al contemplar el misterio de nuestra salvación.

Este tiempo de cuaresma es el tiempo por excelencia para trabajar en la conversión de nuestro corazón y tenemos una oportunidad de oro para lograr cambiar lo que nos pesa.
La cuaresma es el tiempo de perdonar las ofensas, de ofrecer disculpas, de corregir los errores y sobre todo de tener abierto el corazón para recibir las gracias de parte de Dios.

La oración, la limosna y el ayuno nos ayudan a vaciarnos y liberarnos de los apegos que nos aprisionan.

Debemos recordar que no hay amor más grande que el que da la vida por sus hermanos, sobre todo los que están más necesitados

Con mucha claridad debemos saber que existen dos tipos de obras de misericordia, unas corporales y otras espirituales.

La persona humana ha sido creada para estar en comunión con Dios.

El confort, las comodidades y facilidades que disfrutamos actualmente nos han hecho perezosos, acomodaticios y han logrado arrebatar a nuestra alma el anhelo de los bienes espirituales.