Magnifica Humanitas (19). La dignidad del trabajo

1) Para saber

«Ningún trabajo es insignificante. Toda labor que eleva la humanidad tiene dignidad» (Martin Luther King Jr.).

El primer reto ante la transformación tecnológica, incluida sobre todo la inteligencia artificial, es cuidar el valor de la verdad, lo cual ya se trató la vez anterior. El segundo reto que señala el Papa León XIV en su Encíclica es proteger la dignidad del trabajo. Desde el inicio de la Doctrina social de la Iglesia se ha puesto atención sobre la protección de los trabajadores y la necesidad de combatir toda forma de explotación.

Es importante porque a través del trabajo la persona desarrolla muchas dimensiones de su propia existencia. Y es que la actividad cotidiana es parte de la respuesta de la persona a la llamada de Dios, como señalaba San Benito de Nursia, quien unía oración y trabajo. No olvidemos que al ser creados a imagen del Creador, mediante nuestras obras prolongamos de algún modo la suya: contribuimos al progreso de la sociedad y a la construcción del bien común, ponemos en práctica las capacidades recibidas, mejoramos y embellecemos el mundo, sostenemos a nuestras familias, entablamos relaciones de cooperación y aprendemos a construir juntos. Es un camino habitual hacia la madurez, el desarrollo y la realización personal.

2) Para pensar

Sucedió que había un hombre que había dedicado toda su vida al oficio de sastre. Siempre que comenzaba el día y antes de tomar la aguja y el hilo, ofrecía sus obras a Dios. Luego se ponía manos a la obra y lo llevaba a cabo de la mejor manera. Con ese trabajo había podido sacar adelante a su familia, sus hijos pudieron estudiar y eran personas de provecho. Envejeció el hombre y ya en agonía recibió los Santos Sacramentos para bien morir. En presencia de toda su familia pidió que le trajeran una aguja. Uno de sus hijos corrió por ella y se la trajo. El sastre la tomó en su mano, se la mostró a todos y les dijo con una sonrisa: “Miren: esta aguja no sólo nos ha ayudado a subsistir, también hizo prendas de vestir dignas. Además ,me ayudó a entablar relaciones con mucha gente que nos quiere, y pude aportar a nuestra comunidad los talentos que el Señor me concedió. Por eso me la llevo, pues esta aguja es la llave que me va a abrir la puerta del Cielo”.

3) Para vivir

Hoy en día, en que la automatización, la robótica y la inteligencia artificial, están transformando la estructura misma del trabajo, importa que se pongan al servicio del hombre. Es necesario diseñar sistemas centrados en la persona y no sólo en el rendimiento.

Sin duda, afirma el Papa, es deseable que la tecnología libere al hombre de trabajos especialmente pesados, repetitivos o peligrosos y que ofrezca un apoyo inteligente a la actividad humana, pero la norma general debe seguir siendo la protección de los puestos de trabajo y del papel insustituible de la persona. El objetivo de obtener mayores beneficios no puede justificar decisiones que sacrifiquen sistemáticamente el empleo, porque la persona humana es un fin y no un medio, y el orden económico debe permanecer subordinado a su dignidad y al bien común. El trabajo no es un simple instrumento, sino que expresa y acrecienta la dignidad de nuestra vida.

El segundo reto expuesto por el Papa León XIV en su encíclica ante la inteligencia artificial aborda la protección de la dignidad del trabajo, recordando el principio fundamental de que ninguna labor es insignificante. La Doctrina Social de la Iglesia promueve la defensa de los trabajadores y combate toda explotación, pues la actividad laboral prolonga la obra creadora, fomenta la madurez, sostiene familias y genera bien común. La reflexión se ilustra con la historia de un sastre moribundo que, tras ofrecer su labor diaria a Dios y sacar adelante a los suyos, mostró su aguja como la llave al cielo por haber servido al prójimo con amor y dignidad. En el contexto de la automatización y la robótica, el Pontífice enfatiza que la innovación tecnológica debe estar al servicio de la persona y no basarse únicamente en el rendimiento. Aunque es deseable que la tecnología libere a los individuos de tareas pesadas o peligrosas, la regla primordial debe ser la preservación del empleo y la valoración de la labor humana. El beneficio económico no justifica el sacrificio del trabajo, ya que la persona es un fin en sí misma y el orden económico debe subordinarse a su dignidad. El empleo expresa la grandeza de la vida y el desarrollo social.

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