Hoy más que nunca es necesario enseñar a nuestros hijos a amar la Eucaristía para ayudar a sostenernos en la fe en estos tiempos tan violentos y llenos de agresividad.
La Eucaristía no es solamente un símbolo o una tradición; es Jesucristo mismo que se queda con nosotros para alimentarnos espiritualmente, fortalecernos y acompañarnos en cada etapa de la vida. Amar la Eucaristía es amar a Jesús vivo, presente y cercano a nosotros. Quien aprende a amar la Eucaristía descubre que nunca está solo.
La Eucaristía también transforma el corazón. Nos enseña a amar más y mejor, a perdonar, a ser humildes y a pensar más en los demás.
Amar la Eucaristía fortalece a la familia porque cuando una familia pone a Dios en el centro, participando juntos en la misa, comulgando todos, asistiendo a la adoración al Santísimo, crece la unidad, se propicia el diálogo y se cultiva la paz en el hogar. Cuando los hijos crecen cerca de Jesús Eucaristía suelen desarrollar un corazón humilde, sensible, agradecido y dispuesto al bien.
Todos queremos eso, por eso aquí te dejo mis 5Tips para enseñar a nuestros hijos a amar a Jesús Eucaristía.
Primero. Explícales a tus hijos quién está realmente en la Eucaristía.
Es normal que nuestros hijos no comprendan por completo que la Eucaristía es Jesús mismo que se queda con nosotros y se nos da, pero si les explicamos desde pequeños, que son más nobles y no tienen tanta malicia y por lo mismo pueden conectar mejor con las cosas espirituales y comprender los misterios de la fe, entonces crecerán comprendiendo el gran regalo que nos ha hecho Jesús y lo respetarán en todo momento.
Dependiendo de la edad y madurez, podemos explicarles con ejemplos sencillos, videos cortos, libros para iluminar, etc., y para los que son más grandes podemos tomar pasajes del Evangelio y momentos de conversación familiar para que tengan muy claro que la Eucaristía es un regalo inmenso del amor de Dios para nosotros.
Es bueno hacerlo cotidianamente para que nuestros hijos vean y comprendan que es un estilo de vida familiar y lo adopten como propio.
Segundo. Vivan la misa en familia con alegría y coherencia.
Nuestros hijos aprenden más de nuestro ejemplo que de las palabras. Cuando ven que sus papás participan en la Eucaristía con atención, respeto, alegría y amor, los niños descubren que es algo importante.
Prepararnos para la misa, llegar puntuales o poco antes si es posible, evitar las distracciones y ayudar a nuestros hijos a que se concentren en lo que pasa en el altar, comulgar con devoción y comentar después de la misa lo que ahí vivimos, ayuda a que comprendan que no es una obligación, sino un verdadero encuentro con Jesús.
La fe se transmite especialmente con el testimonio cotidiano.
Tercero. Procuren momentos de adoración al Santísimo.
Aunque sean visitas breves, es bueno entrar al templo o a la capilla del Santísimo a saludar a Jesús Sacramentado para que nuestros hijos tengan la experiencia del encuentro personal y así su corazón se llene de Él.
El silencio, la oración sencilla y la experiencia de estar con Jesús forma interiormente a nuestros hijos. Poco a poco aprenderán que la Eucaristía no termina en la misa, sino que Jesús los acompaña toda la vida y le gusta que lo visitemos en su casa para que se vaya con nosotros a la nuestra.
Cuarto. Relacionen la Eucaristía con el amor al prójimo.
Estar en comunión con Jesús debe reflejarse en nuestra vida cotidiana, en actos concretos de caridad.
Enseñar a los hijos a compartir, servir, perdonar y ayudar a los hermanos les permite entender que quien recibe a Cristo también aprende a amar como Él.
Para los pequeños es bueno que nos vean comulgar y para los que ya pueden comulgar es importante que propiciemos los espacios y el tiempo para que puedan hacerlo en cada misa, es decir, necesitamos estar atentos para que procuren la confesión sacramental y así puedan estar en comunión con Jesús.
También les puede ayudar, después de misa, preguntarse en familia ¿Cómo podemos llevar hoy el amor de Jesús a los que nos rodean?
Y quinto. Celebren la fe también en casa.
La familia es la Iglesia doméstica por lo que la vida familiar puede ayudar a despertar el amor por la Eucaristía.
Podemos implementar acciones concretas para fomentar este amor: leer el Evangelio del domingo el sábado para comprenderlo en familia, hacer una lectio divina con los hijos mayores, ya sea guiado por papá y mamá o siguiéndola desde algún video o comunidad digital; agradecer los alimentos cotidianamente, enseñar pequeñas oraciones antes de comulgar o recordar el día de la Primera Comunión de cada miembro de la familia fortalece el vínculo con Jesús Eucaristía.
Nuestra Iglesia doméstica es el mejor lugar para que nuestros hijos descubran que Dios forma parte de la vida cotidiana y no solo los domingos, que es bueno llevarlo con nosotros a cada momento y que lo podemos llamar a lo largo del día para que nos acompañe y nos ayude con nuestras cosas cotidianamente, así lo pondremos en todo momento en el centro de la vida personal y familiar.
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