
¿Dichoso el que llora? “Alegraos y regocijaos” (7)
El dolor vino como consecuencia del pecado, pero una vez entrado en la vida del hombre, el Señor logró que pudiéramos aprovecharlo para nuestro bien.

El dolor vino como consecuencia del pecado, pero una vez entrado en la vida del hombre, el Señor logró que pudiéramos aprovecharlo para nuestro bien.

La renuncia de los obispos es un paso en esta dirección, conduce a asumir todas las consecuencias de la verdad.

¿Cómo puedo conseguir esa santidad que es felicidad?

Hoy en día algunos piensan que pueden prescindir de Dios para salvarse, piensan que porque “no matan, ni roban” ya se merecen el Cielo. Pero se olvidan que es gracias a Jesucristo que el Cielo se ha abierto para el hombre.

“No es suficiente que seas sabio, además de buen cristiano”.

El Papa nos indica que la santidad es hacer vida nuestra los diferentes aspectos de la vida de Cristo: puede implicar replicar su vida oculta o su vida comunitaria.

La inmensa cantidad de obras realizadas por personas católicas o por instituciones de la Iglesia Católica se vuelve, por decreto, “invisible”.

El árbol se sintió fuerte, seguro, y se dispuso a cumplir su misión. Al envidiar lo de los demás, olvidamos ser felices con lo que somos y tenemos.

Jesús invita a alegrarse en el caso de padecer por Él, “porque vuestra recompensa será abundante en los cielos”.

¿Cómo es posible que a cada momento vivamos con “el Jesús en la boca”, amenazados por la suma de todos los miedos, por el temor de un conflicto mundial, por la posibilidad de una guerra nuclear?


“La resurrección de Cristo es la verdadera esperanza del mundo, que no defrauda”, ha dicho el Papa Francisco el domingo de Pascua.