Una misma fe, un solo Dios, una misma petición: que el COVID-19 cese de una vez por todas. Esto fue lo que pidieron juntos cristianos, judíos y musulmanes.
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Viktor Frankl, sobreviviente de los campos de concentración nazis, encontró incluso en medio del horror una verdad fundamental: el ser humano conserva la posibilidad de elegir el bien.

La inteligencia artificial apoya, pero jamás reemplazará las relaciones humanas auténticas. Cuidemos los vínculos reales frente a la simulación digital.

La inteligencia artificial puede hacer cosas extraordinarias, pero no debemos confundir su capacidad con la inteligencia humana. Una máquina procesa datos; el ser humano vive experiencias, ama, decide, perdona, establece relaciones y tiene conciencia moral. La tecnología debe estar al servicio de la persona, no sustituir su dignidad.

El verdadero progreso no consiste solamente en tener más tecnología, riqueza o poder. También necesitamos ser mejores, vivir en la verdad y defender la dignidad de cada persona. La inteligencia artificial y las nuevas ciencias deben estar al servicio del ser humano, no al revés.

El Papa ha señalado que la justicia social nos corresponde a todos. Si cumplimos con nuestros deberes y hacemos el bien siguiendo el dictado de nuestra conciencia apoyada en el bien y la verdad, contribuiremos a la paz y al bien común.