
Oración por México
Sabemos Señor que tú sabes sacar, de los grandes males, bienes aún mayores, aunque a veces, lo reconozco, no me doy cuenta o no me lo parezca así.

Sabemos Señor que tú sabes sacar, de los grandes males, bienes aún mayores, aunque a veces, lo reconozco, no me doy cuenta o no me lo parezca así.

La Iglesia en Colombia está llamada a empeñarse con mayor audacia en la formación de discípulos misioneros, así como lo señalamos los obispos reunidos en Aparecida.

Pero al igual que a Simón, Jesús nos invita a ir mar adentro, nos impulsa al riesgo compartido, no tengan miedo de arriesgar juntos, nos invita a dejar nuestros egoísmos y a seguirlo.

No se trata de un “abaratamiento o rebaja” de la santidad, sino en profundizar en la palabras del evangelio, comprendiendo que la identificación con Cristo se da también cuando se ofrece la vida por otra persona.

En el rezo del Regina Coeli, el Papa Francisco pide que en los 50 días de la Pascua nos dirijamos a la Virgen María, que hasta Pentecostés ocupa el lugar del Ángelus.

El Papa Francisco dice que cuando aceptamos sufrir por el bien es como sembrar vida y así resplandeceremos en la oscuridad.
El Papa Francisco nos recuerda que no debemos olvidar que el Bautismo no es solamente un dato de registro civil, sino es el agua que da la vida eterna.

Ni la Alemania Nazi logró lo que Islandia, Dinamarca, Inglaterra y España: reducir a “0” los nacimientos con Trisomía 21 o Síndrome de Down… abortándolos.

La Constitución CDMX fue secuestrada por las izquierdas intolerantes, asesinas y absurdas, que no reconocieron la dignidad de la vida.

Tres son los derechos capitales: la vida, la justicia y la libertad. Una vez comprometido el derecho a la vida, los otros dos se tornan quebradizos.

Si el proyecto de Constitución de la Ciudad de México no consagra el derecho a la vida de la persona, carecerá de legitimidad.

El 31 de diciembre nos coloca delante de dos realidades que invitan a reflexionar: 1) la temporalidad y 2) la responsabilidad en nuestra vida.