


El Papa nos indica que la santidad es hacer vida nuestra los diferentes aspectos de la vida de Cristo: puede implicar replicar su vida oculta o su vida comunitaria.

La inmensa cantidad de obras realizadas por personas católicas o por instituciones de la Iglesia Católica se vuelve, por decreto, “invisible”.

La fiesta de la Misericordia es entonces la fiesta de la realidad: la realidad de amor de Dios que nos quiere como somos y nos eleva.



Cuando un año concluye termina una página de nuestra vida. Al vivirla la escribimos, al mirarla en retrospectiva intuimos que no caminamos solos.

La vida del cristiano ha de ser un crecimiento, y para ello hay que llevar el estilo de vida del cristiano: “Es un estilo como el de Jesús, sustentado en la humildad”.

La ONU ya no nos representa, sus decisiones y líneas de acción no están necesariamente respaldadas por la mayoría de los países involucrados, ya no garantiza una defensa eficaz de los derechos humanos.

La luz que aporta la religión a la costumbre prehispánica puede resumirse en la certeza de la otra vida.

“Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación”

El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.