
Oremos en familia por nuestros sacerdotes
Es bueno que eduquemos a nuestros hijos a orar por cada uno de ellos y mucho mejor si lo hacemos en familia.

Es bueno que eduquemos a nuestros hijos a orar por cada uno de ellos y mucho mejor si lo hacemos en familia.

Orar, orar mucho para liberar muchas mentes de esas posesiones que llevan los hombres a hacer el mal por el mal mismo.

En el proceso de la vida personal, el momento más crítico para enfrentar el juicio de Dios es sin duda el de la muerte.

La persona humana ha sido creada para estar en comunión con Dios.

Hoy en día, se quieren las cosas inmediatas. Sí se quiere mejorar, pero que sea rápido. Hay que aprender de las frutas, que requieren de tiempo para madurar.

En la actualidad es muy fácil ver que las familias no duran unidas porque la sociedad nos ha llevado a la cultura de lo desechable, de lo líquido.

Orar es platicar con Dios, una acción que es mucho más sencilla cuando los papás enseñan a sus hijos a relacionarse con el Señor.

Dios puede hacer milagros para acabar con el hambre y otras necesidades, pero no lo hace así: nos lo ha dejado a nosotros, como la vid da fruto en sus ramas.

Adaptarse a las circunstancias para satisfacer las necesidades de la familia es lo que hace que una mamá sea todoterreno.

Orar, confiar, actuar y tener esperanza son los elementos que nos ayudará a tener fortaleza aún en los momentos más difíciles.

Nadie ama lo que no conoce, por eso debemos tener la Biblia en un lugar prominente en nuestra casa, para que nuestros hijos la vean, la conozcan y la amen.

Así como oramos por “nuestros” difuntos, debemos orar por los “otros” difuntos o moribundos.