Se dice que en la actualidad hay una crisis de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, que los jóvenes ya no se quieren casar y que no quieren tener hijos, que muchos van por la vida sin sentido y sin rumbo, que muchas veces ya no quieren vivir.
Siempre es Dios quien siembra la vocación en cada uno de nosotros.
Primero que nada debemos tener claro que la vocación universal de todo bautizado es a la santidad y al apostolado y después están las vocaciones de estado de vida y es aquí donde existe esta crisis.
La familia tiene un gran reto ya que los papás somos los custodios de la salud e integridad de nuestros hijos, por lo tanto, debemos ser quienes custodien y cultiven la vocación de cada uno de ellos.
Esto solo puede ser posible si nuestra familia es un lugar seguro para nuestros hijos y donde haya un ambiente adecuado, de apertura a lo que cada uno de ellos va descubriendo y de apoyo para discernir si verdaderamente es la vocación a la cual Dios les ha llamado.
Así que tenemos un lugar importantísimo en este proceso porque somos los responsables de la formación de nuestros hijos y los guardianes de su alma, por eso debemos procurarles los medios adecuados para desarrollar al máximo las cualidades que Dios les ha dado y así descubrir el camino que Dios quiere que recorran, el que les lleva de forma más directa al cielo.
Por eso aquí te dejo mis 5Tips para ayudar a discernir y cultivar la vocación de nuestros hijos.
PRIMERO. Que sepan cuales son los diferentes estados de vida.
En muchas ocasiones, nuestros hijos no tienen claridad de los diferentes estados de vida y solo estamos encasillados en uno en particular.
La verdad es que el llamado que Dios hace a cada uno es único, puede ser a la vida consagrada, al sacerdocio, al matrimonio o a la soltería célibe. Ninguna es mejor que las otras, sino en función de cada uno de nosotros, a lo que estamos llamados a ser.
Por eso es bueno tengan claro en qué consiste cada estado de vida y que sepan que todos los pueden llevar a la felicidad, es decir, a la santificación.
SEGUNDO. Que conozcan ejemplos de cada estado de vida.
Dependiendo de la edad de nuestros hijos podemos leerles vidas de santos o ponerles películas para que sea algo significativo y muy gráfico y puedan comprender y asimilar su vida.
De esta forma tendrán modelos a seguir de los diferentes estados de vida y será más fácil que los quieran imitar.
Hay niños que desde pequeños nos dicen que quieren ser sacerdotes o religiosas, hay otros que desde pequeños dicen que quieren ser mamá o papá, pero debemos tener en cuenta que la vocación es ese llamado que Dios nos hace y nos lo va clarificando, y que muchas veces los niños pequeños idealizan a algunas personas y quieren ser como ellos aunque muchas veces no sea por vocación.
Lo que nos toca es ir cultivando su vocación de tal forma que se vaya clarificando y madurando hasta que estén en una edad adecuada para discernir sobre este tema. Y si les damos ejemplos de personas que llegaron a ser santos en los diferentes estados de vida, será más fácil que nuestros hijos comprendan que cualquier vocación nos puede llevar al cielo.
TERCERO. Que tengan la confianza de contarte sus sueños o intereses.
Si de pronto nuestros hijos nos buscan para decirnos que de grandes quieren ser bomberos, doctores, abogados, sacerdotes, papás o mamás, etc y nosotros nos burlamos de ellos y hacemos bromas al respecto, es seguro que no volverán a platicarnos sobre esto.
Si de manera cotidiana hablamos sobre lo que quieren ser de grandes, cuando estén ya en edad de tomar decisiones habrán tenido tiempo de investigar, preguntar o acercarse a personas que les puede solucionar sus dudas de forma práctica.
Es necesario que nosotros le demos la importancia que este tema tiene y les prestemos toda la atención posible, procurándoles lo necesario para conocer más sobre el tema y sobre la vocación de la que nos están hablando.
CUARTO. Discierne con ellos.
Es importante que les enseñemos no solo a escoger entre el bien y el mal, sino a discernir de entre dos bienes el mayor.
La vocación es algo trascendente que no se debe tomar a la ligera, por eso es necesario discernir sobre ella. Pero ¿qué es discernir? Implica percibir y distinguir con claridad las difernecias enrtre varias cosas o situaciones, captar matices o verdades más profundas, y entener cómo se relacionan los elementos de una situación para juzgarla correctamente, separando lo importatne de lo secundario, lo bueno de lo malo, lo real de lo ilusorio, usando la razón y el juicio.
Y cuando se discierne algo, es necesario tomar las acciones adecuadas para apoyar, desarrollar y complementar esta vocación.
Esto no quiere decir que ya sea definitivo, lo que quiere decir es que debemos darles la oportunidad de probar mientras sea posible, de tal forma que, cuando se encuentren en un punto donde deban tomar las decisiones definitivas, puedan hacerlo con experiencia y con razones probadas.
A discernir se aprende discerniendo por lo que hay que procurar hacerlo en cualquier oportunidad que se nos presente, en las cosas de la vida cotidiana, así será para ellos lo más natural.
Y QUINTO. Busca siempre su felicidad.
Nunca debemos perder de vista que lo más importante en este tema, es que nuestros hijos sean felices, que se desarrollen lo más integralmente posible y que aprendan a hacer la voluntad de Dios y responder al llamado que Dios les hace, escogiendo el estado de vida correcto.
Y sin olvidar que cuando uno hace lo correcto nos inunda una inmensa alegría y felicidad que podemos compartir con los demás.
Así que estemos dispuestos a apoyar a nuestros hijos en sus sueños, con los pies en la tierra y la mirada en el cielo, tratando de ser un timón en la vida de nuestros hijos, hasta que llegue el tiempo de que ellos se hagan responsables del rumbo que tomará su vida.
Y esto se logra buscando siempre su felicidad y haciendo mucha oración para que sea Dios quien les vaya guiando, y nosotros seamos solo instrumentos suyos para apoyar a nuestros hijos.
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