
Dejemos que Jesús nazca en nuestros corazones
El adviento está por terminar y nos preparamos para vivir la Navidad, ese momento especial en donde Jesús llega a nuestro corazón y toma posesión de nuestra vida.

El adviento está por terminar y nos preparamos para vivir la Navidad, ese momento especial en donde Jesús llega a nuestro corazón y toma posesión de nuestra vida.

La Navidad nos recuerda que Cristo vino al mundo para facilitar y hacer posible que el hombre conozca la Verdad y pueda poner su corazón en Dios.

La persona nunca es tan grande como cuando se arrodilla”, decía san Juan XXIII. Arrodillarse es una postura humilde de quien se sabe poca cosa ante quien lo es todo, ante Dios.

Las buenas acciones, esas llamadas de misericordia, son siempre la ayuda a otros, no la autosatisfacción.

El silencio litúrgico es el símbolo de la presencia y la acción del Espíritu Santo que anima toda la acción celebrativa.

Estamos a pocos días de la Nochebuena y de poder celebrar el Nacimiento de Jesús en nuestros corazones.

Es peligroso hacer las cosas sin saber la razón de las indicaciones o las normas.

Cada cuenta del rosario es como una flor que le entregamos salida de nuestro corazón, por eso es bueno enseñar a nuestros hijos a rezarlo con paciencia y amor.

“No hay escuela igual que un hogar decente y no hay maestro igual a un padre virtuoso”: Mahatma Gandhi.

El ser humano tiene la capacidad de conocer, a partir de las cosas sensibles, realidades que van más allá de ellas mismas, que las trascienden.

Que nuestros hijos vean que celebramos una gran fiesta para Jesús y signo visible no podemos olvidar arrullar al niñito Jesús en la Nochebuena.

Dar gloria a Dios no le añade algo a la belleza de la luz donde habita Dios, quien ya es perfección absoluta e infinita.