
Virtudes y vicios (y 26). Lo más hermoso
María, Madre del buen consejo, nos enseña y ayuda a confiar y esperar en Dios en toda ocasión y a vivir el amor al prójimo.

María, Madre del buen consejo, nos enseña y ayuda a confiar y esperar en Dios en toda ocasión y a vivir el amor al prójimo.

La humildad es lo que nos salva del Maligno y del peligro de convertirnos en sus cómplices.

La fidelidad a Cristo se ha pagado muchas veces con la vida, con la deshonra, con el destierro.

Cultivar la virtud de la fortaleza nos ayuda a ser personas que no se atemorizan, ni se desaniman ante las pruebas.

La persona vanidosa cree que su persona, sus logros y sus éxitos deben ser mostrados a todo el mundo: es un perpetuo mendigo de atención.

Habrá que saber detectar la tristeza mala e impedir el pesimismo o el egoísmo que difícilmente se cura.

La ira es un vicio que destruye las relaciones humanas, no acepta la diversidad del otro.

Tengamos siempre la confianza en la misericordia infinita de Dios que nos ayuda y nos perdona todo, facilitándonos el Sacramento de la Reconciliación.

La persona humana es como ese “ángel cautivo” que falta liberarlo para que alcance su plenitud: la educación se dedica a lograr sacar lo mejor de cada uno.

El padre es necesario para que sepamos armonizar ambos valores: libertad y verdad, y la autoridad unida al cariño imprescindible para hacernos amable, atractiva y asequible la virtud, como ejercicio pleno de nuestra libertad.

Reconoce virtudes heroicas de ocho Siervos de Dios, entre ellos, Andrej Szeptyckyi, Arzobispo de Leópolis de los Ucranianos y Metropolitano de Halyc.