
El Bautismo de Jesús, camino para nuestra familia
La familia es el lugar donde aprendemos a amar y a tratarnos como hijos de Dios por lo que nosotros como papás debemos enseñarles a nuestros hijos cómo se hace.

La familia es el lugar donde aprendemos a amar y a tratarnos como hijos de Dios por lo que nosotros como papás debemos enseñarles a nuestros hijos cómo se hace.

Como peregrinos de esperanza, dice el Papa León XIV, los cristianos estamos llamados a implicarnos en el mundo, “buscando a Dios con nuestra mente, nuestro corazón y nuestras obras, y reconociendo su presencia en los diferentes acontecimientos de la vida cotidiana”.

La virgen de Guadalupe es un códice toda ella, es decir, cada elemento de la imagen tiene un significado, tanto para los indígenas como para los españoles que la recibieron.

Los grandes directores dan voz a los sentimientos complejos y a veces oscuros que habitan el corazón humano; ayudan a reencontrarse consigo mismo, a mirar con nuevos ojos la complejidad de su propia experiencia y al mundo.

Con el Rosario en la mano y con el corazón en el cielo, Dios nos escucha y nos cuida con su amor.

El papa nos invita a sentir en el corazón lo mismo que vivieron ellos: Su amor por Jesucristo, sobre todo en la Eucaristía, y también en los demás, especialmente en los pobres.

Dios nunca nos falla ni se escandaliza de nuestras faltas, ni nos abandona.

“De noche, especialmente, es hermoso creer en la luz”. Esta frase de Platón, nos habla de la fe en lo que no se ve y la esperanza de obtenerlo.

La gratitud es una virtud que transforma la manera en que vemos la vida.

Secundemos al Papa pidiendo que no falte la esperanza, en especial, en quienes estén desanimados, fracasados y sin ver claro el futuro, incluso en la última hora de su vida.

A vivir esperanzados en el futuro, para no quedarnos estancados en las ilusiones de este mundo o encerrados en la tristeza.

Para alimentar esta alegría, podemos seguir el ejemplo de aquellas mujeres: ir al encuentro del Resucitado, ya que Él es la fuente de una alegría que nunca se agota.