JPII, el Papa de la oración, el trabajo y la sonrisa: Navarro

Por ser un personaje muy cercano al Papa Juan Pablo II, el Vaticano invitó a Joaquín Navarro Valls, quien fuera su vocero durante 22 de los 26 años que duró el Pontificado, para ofrecer una rueda de prensa este viernes, donde contó sobre su experiencia de cómo los medios le han preguntado en los últimos días ¿cuál es la peculiaridad de la sanidad de Juan Pablo II?

Antes que nada, precisó que la santidad no existe en lo abstracto, y citó que la Biblia, el testimonio bíblico, nos dice que sólo Dios es Santo, por lo cual, la Iglesia no hace santos, es Dios quien los hace. Lo que la Iglesia hace es confirmar y ratificar la vida de santidad que estas personas vivieron.

Y finalmente mencionó, como consejo, de que se es santo en vida. O sea que, si alguien quiere ser santo, ¡apúrese! Porque si no, no lo serás jamás.

Al iniciar su exposición, Navarro Valls comentó que fueron muchos los aspectos de santidad que pude ver en los 22 años que estuvo al lado de Juan Pablo II. Pero resumió éstos en tres verbos: primero, orar; segundo, trabajar, y tercero, sonreír. Y las desglosa de la siguiente manera:

JPII, un hombre de oración

La oración es el rasgo más elocuente de Juan Pablo II, ya sea solo o con otros. La oración es lo que nutre el alma. Por convicción o por algún motivo, la oración era siempre la imagen más bella de él. Para él, la oración era como respirar: constante, necesaria e intensa.

Nuestras cenas eran cenas de trabajo llevaba los documentos que teníamos que atender, y cenábamos. Y antes de entrar donde cenábamos, pasábamos por la capilla, donde el Santo Padre oraba por tres minutos antes de entrar al comedor y tres minutos después de que salíamos de comer. En una ocasión, pasaron 3, 4, 5, 10 minutos; y yo estaba ahí, esperándolo. Parece que se le había olvidado que yo estaba allí. En eso se voltea y me dice: ‘perdóname, se me olvidó que estabas aquí’.

Estando en la montaña, donde estaba reposando, estaba un guardia afuera de la puerta para asistir en cualquier cosa necesaria. Pues bien, un día el guardia contó: ‘A las tres de la mañana vi que la luz de la recámara del Papa se encendió, y unos minutos después se encendió la luz de la capilla y la luz permaneció encendida toda la noche’.

Había un reclinatorio enfrente de las bancas y tenía una parte arriba y allí él mantenía pedacitos de papel, y orando, sacaba un pedazo de papel y leía, y sacaba otro y leía. Eran todo tipo de cartas con peticiones de fieles que le pedían rezar por una necesidad personal. Un día nos dijo: “Ninguna de éstas me las puedes tirar”. Incluso nos mandó hacer una lista de todas las cartas que recibíamos, en la cual él quería el nombre de la persona, el país y el tema, para poder rezar por ellas.

¿De qué se nutría Juan Pablo II? De las necesidades de los demás. Para él no dejó espacio alguno; su oración siempre fue por los demás.

JPII, un hombre de trabajo intenso

Juan Pablo II tenía una capacidad enorme para el trabajo, un trabajo que era intenso, increíble. Era el trabajo de un santo. En mi vida no he visto a nadie que trabajara como él. JPII no sabía físicamente cómo perder un solo minuto. Pero jamás andaba a la carrera. Ustedes saben que cuando alguien anda a la carrera se le ve la expresión de ansiedad en el rostro, pero no en el rostro de él. Sus colaboradores tuvieron qué aprender cómo adaptarse a ese estilo de vida.

Él tenía una capacidad increíble para poder encontrar la solución que conectaba los valores más grandes con los asuntos más específicos.

JPII, el Papa de la sonrisa

El tercer punto es la alegría, la sonrisa. ¿De dónde venía ese gran sentido del humor? No me encuentro la explicación de cómo él podía mantener un gran sentido del humor delante de asuntos que le llegaban de tan gravedad.

En uno de los libros que fue publicado recientemente, el Papa emérito Benedicto XVI cuenta sobre la alegría que él tenía durante las conversaciones en las cuales participaban. Imagínense las conversaciones no muy ligeras entre el Cardenal Ratzinger y el Papa Juan Pablo II. Pero jamás le faltaba ese sentido, el sentido del humor.

Y si ustedes encuentran alguna información de un santo triste, no fue santo, o les han contado mal la historia.

(Benedicto XVI) dice que la alegría que él pudo ver en Juan Pablo II no era una alegría fisiológica, sino que era una decisión, era racional, y una alegría de convicción que viene de este gran fundamento, esta creencia nuestra, de estar hechos a imagen y semejanza de Dios.

Uno de los momentos más tristes para mí fue cuando vi ese rostro que tenía esa sonrisa por tantos años, el ser destruido por el Parkinson.

Sesión de preguntas

Al ser cuestionado sobre si Juan Pablo II sabía de los casos de pederastia de Marcial Maciel, el ex vocero puntualizó:

Esto es algo que tenemos que recordar que en él en su momento no lo entendió él y no lo entendió nadie, cuando comenzaron estos casos. Al principio se creía que eran casos realizados en Estados Unidos. Pero después nos fuimos dando cuenta cómo crecían en otras partes.

Para él era un poco difícil que la pureza de su pensamiento pudiese aceptar que el ser humano llegase a causar tanto daño.

Él no podía traer a todos los obispos de EU, así que llamó a los cardenales americanos. Y durante esa reunión tomó una decisión muy importante de naturaleza jurídica: le dio plenos poderes, dentro del Derecho Canónico, al Prefecto de la Doctrina de la Fe, que era el Cardenal Ratzinger. Fue sólo un ejemplo de lo que él logró hacer.

Pero algo que sí les quiero decir es que el proceso canónico (ahora sí en el caso del padre Maciel) comenzó durante el Pontificado de Juan Pablo II y terminó un año después durante el Pontificado de Benedicto XVI. Yo estuve presente en esta sala para notificárselos.

………

Con relación al caso Marcial Maciel, cabe precisar algunas cosas. Basta hacer un recordatorio cronológico de los hechos, de cuándo sucedió todo esto.

Esto nos permite poner de relieve que el primer paso que se dio en la investigación, en el proceso, sucedió durante el Pontificado de Juan Pablo II. Obviamente el proceso se tomó su tiempo. Cuando terminó este proceso es cuando naturalmente salen los resultados. Una vez terminado el proceso, ya el Papa Juan Pablo II había fallecido. Entonces, los resultados le tocaron al Papa Benedicto XVI.

En aquellos momentos, cuando el doctor Navarro Valls se acercó al Papa Benedicto para decirle sobre la conclusión del proceso, éste le dijo: “Es importante que el público sepa esto”. Y al preguntarle Navarro Valls “¿Cuándo debo informarle yo al público?”, el Papa Benedicto, sin pensarlo mucho, le dijo: “Lo haces mañana”. Y al otro día, Navarro Valls lo hizo.

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