Servir como sacristán, una experiencia de fe

Objeto litúrgico

Más que un trabajo, la labor de los sacristanes es un servicio al prójimo y a Dios. Esta es la primera entrega de nuestra serie “Conoce tu comunidad parroquial”.

Iniciamos una serie de entregas para que los lectores conozcan las personas que están detrás del trabajo de una parroquia. 


Parte I. ¿Quiénes atienden las parroquias? Los sacristanes

Ellos lo saben todo (o deberían). En las parroquias y capillas son los primeros en llegar y los últimos en irse. Su labor a veces pasa desapercibida, porque están en todos lados y al mismo tiempo en ninguna parte. 

¿Ya los ubicaste en tu parroquia?

Son los sacristanes, personas laicas o religiosas que asisten al sacerdote en las tareas de limpieza y cuidado del templo y de los objetos litúrgicos y sagrados. Son la mano derecha del párroco, son su complemento. En ocasiones, saben más de las actividades parroquiales que los mismos sacerdotes.

Su labor inicia desde que abre las puertas del templo hasta que las cierra. Es un trabajo de tiempo completo, no hay horario establecido. Además, labora en días en los que las demás personas descansan, como en Semana Santa, Navidad o Año Nuevo. 

En ese sentido, un grupo de sacristanes que entrevistamos coincidieron que lo primordial de su labor es considerarlo, más que un trabajo, un servicio al prójimo y a Dios pues el pago que reciben es significativo.

A pesar, que la mayoría de las personas los ubican como “los que hacen la limpieza”, lo cierto es que se requiere de conocimientos específicos pues cada espacio del templo, cada objeto y cada momento de la misa requiere un trato especial, pero gracias a los seminaristas, sacerdotes y agentes de pastoral, lo han aprendido.

En el ejercicio de sus labores aprendieron cosas que parecían insignificantes, pero en el ámbito en el que se desarrollan, es necesario cuidar porque se trata de aspectos sacros.

Por ejemplo, en la limpieza de objetos litúrgicos utilizados en la consagración, tales como el cáliz, la patena, el corporal y el purificador; al lavarlos, el agua que resulta sobrante no se puede tirar al drenaje como normalmente se haría con los trastes y ropa. 

La razón, explican, es porque puede haber mínimos residuos del Cuerpo y la Sangre de Cristo y no se puede desechar como cualquier alimento, “es el alimento del alma”, señala uno de los sacristanes. Por lo que el agua sobrante de la limpieza se utiliza para regar las plantas.

Por otra parte, entre los retos que se enfrentaron al ingresar a trabajar como sacristanes -sin experiencia- fue la de aprender conceptos propios de la liturgia, como el uso del Misal Romano, el leccionario, entre otros libros que se usan en las celebraciones Eucarísticas. Asimismo, estar al pendiente del cambio de los tiempos litúrgicos pues tienen que cambiar los colores de los manteles del altar y el ambón. 

Testigos de fe

En su experiencia como sacristanes, ellos son testigos del fervor incondicional de la feligresía, son testigos del acontecer de la vida parroquia y de quienes sirven ahí.

Conocen a los sacerdotes, más que como una figura entregada a Dios, “perfecta” como algunos fieles los visualizan, ellos tienen la oportunidad de conocerlos como hombres normales, con alegrías y tristezas, con debilidades y fortalezas.

Al involucrarse en su trabajo, en su servicio, dicen, sus expectativas han sido superadas y los estereotipos se deshicieron. 

“Yo creía que a la Iglesia iban todos los -fieles- que estaba bien, tanto de problemas como de situación económica, pero me di cuenta que los que estamos ahí es porque estamos mal, estamos aquí para mejorar”, señaló uno de los sacristanes.

 

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@yoinfluyo

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