{play}http://www.yoinfluyo.com/media/mp3/if/if_28mar12.mp3{/play}
La reciente visita de Benedicto XVI a México ha dejado muchos mensajes que buscaremos retomar. En esta ocasión comentemos la homilía de la Santa Misa en el Parque Bicentenario.
{play}http://www.yoinfluyo.com/media/mp3/if/if_28mar12.mp3{/play}
La reciente visita de Benedicto XVI a México ha dejado muchos mensajes que buscaremos retomar. En esta ocasión comentemos la homilía de la Santa Misa en el Parque Bicentenario.

La Iglesia es la sociedad más grandiosa que hay en el mundo. Pero no se la puede juzgar por los malos frutos caídos debido a su infidelidad a la Iglesia.

Ser bautizados es asumir una forma de vivir: servir y no dominar, salvar y no condenar. El Bautismo nos une a Cristo y nos hace hermanos, formando la Iglesia. Por eso la fe no se posterga: padres y padrinos reciben el compromiso de educar con alegría, coherencia y testimonio.

Amar es la base de todo caminar en familia. Apoyar sin asfixiar, acoger con el corazón y educar desde la caridad permite formar hijos seguros, empáticos y responsables. Cuando el amor guía nuestras decisiones, los intereses personales se alinean con el bien común y la familia se fortalece.

Porque ¡Dios es amor! Esta es la revelación inefable, de la que el Jubileo, con su pedagogía, con su indulgencia, con su perdón y finalmente con su paz… nos ha querido llenar el espíritu hoy y siempre: ¡Dios es amor!

En cada familia se ha de poder descubrir el amor de Dios, pues ahí cada miembro es amado por quien es, no por sus logros.