La belleza de la liturgia (3). El signo del “Pan partido”

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En la Eucaristía, Jesús está realmente presente con su cuerpo, su alma, su humanidad y su divinidad.

1) Para saber

Por siglos se intentó descifrar la escritura jeroglífica egipcia, todo un reto para los estudiosos. Fue a principios del siglo XIX cuando un joven francés, Jean Francois Champollión, lo logró gracias al descubrimiento de la piedra Rosetta que dio la clave para ello. Los signos requieren de una “clave” para aclarar su significado.

La Santa Misa tiene muchos signos que requieren ser comprendidos para descubrir su importancia. En su reciente carta, el Papa Francisco ha querido que descubramos la belleza de la liturgia, en especial de la Eucaristía. Y la descubriremos si comprendemos sus signos. Nuestro Señor al instituir el Sacramento de la Eucaristía en la Última Cena, poco antes de ser crucificado, va a explicar el significado de lo que está haciendo, da la “clave” de lo que se avecina con su muerte. Dice el Papa que gracias a la Última Cena, comprendemos que la muerte de Cristo es un acto de culto perfecto y agradable al Padre. Ahí Jesús les dice a sus Apóstoles que su Cuerpo es entregado y que su Sangre es derramada.

El Papa menciona el “pan partido”, para referirse a la Sagrada Forma partida en dos por el sacerdote en la Santa Misa. Ello tiene un gran significado. Recordemos que se lleva a cabo una vez que se ha consagrado y, por tanto, nuestro Señor Jesucristo ya está presente en la Hostia cuando el sacerdote la parte. El quebrantamiento del Pan simboliza el quebrantamiento de Jesús en su Pasión. Algún autor dice que en ese momento las manos del presbítero simbolizan las manos de los martirizadores de Cristo: está Jesús quebrantado.

2) Para pensar

Cuando estaba muy anciano San Alfonso María de Ligorio, ya era capaz de celebrar la santa Misa, pero sí recibía todos los días la sagrada Comunión. Una vez, apenas había recibido la hostia, comenzó a gritar: “¿Qué es lo que me habéis dado? ¡No me habéis dado a mi Jesús!”. Hubo desconcierto y fueron a preguntar al sacerdote que celebró la Misa y al acólito ayudante y se llegó a saber que por distracción, había omitido la consagración. Por eso, tenía razón el santo anciano, que por su santidad, supo que en esa hostia no estaba Cristo y reclamaba: “¿Qué es lo que me habéis dado?

Pensemos cómo es nuestra fe en la presencia real de Cristo en la Hostia consagrada.

3) Para vivir

Comentaba el Papa que si hubiésemos llegado a Jerusalén después de Pentecostés y hubiéramos querido encontrarnos con Jesús de Nazaret, lo habríamos encontrado verdaderamente en la comunidad que celebra: en la liturgia. Nuestro Señor Jesucristo, al mandar a sus Apóstoles a hacer lo mismo que Él hizo en la Última Cena, no era sólo para recordarlo, sino para hacerse presente en esa ceremonia. En la Eucaristía, Jesús está realmente presente con su cuerpo, su alma, su humanidad y su divinidad.

Cuando asistimos a la Santa Misa no sólo celebramos un rito, sino que se da un encuentro real con Cristo que se halla tan presente como nosotros mismos lo estamos también. Y el Señor se hace presente y ofrece su sacrificio por nosotros, para nuestro bien. Quizá a quien muestra desinterés por asistir a la Misa le estará faltando ser consciente de ese encuentro con la presencia amorosa de Jesús.


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