Los pobres nos necesitan, ayudemos en familia

Los pobres no necesitan

La pobreza no depende de nosotros, ningún pobre ha escogido por voluntad propia vivir así.

A propósito de la V Jornada Mundial de los pobres me he puesto a pensar que es muy bueno que nuestros hijos hagan conciencia de que debemos ayudar a las personas que no tienen tantas bendiciones como nosotros y que podemos hacerlo desde nuestra familia.

Cualquier ayuda, por pequeña que sea, es de utilidad y vamos poniendo un granito de arena para hacer de este mundo algo más humano y con menos pobres.

Por eso aquí te dejo mis 5Tips para ayudar a los pobres en familia.

PRIMERO. La pobreza no se planea ni se escoge.
Es importante hacer conciencia de esto, pues muchas veces nuestros hijos piensan que ellos nunca pasarán por una situación de pobreza porque viven sin carencias.

Pero la pobreza no depende de nosotros, ningún pobre ha escogido por voluntad propia vivir así, salvo los consagrados que hacen voto de pobreza y la ofrecen a Dios para parecerse más a Jesús.

Es por esto que no debemos burlarnos de las personas que viven una condición de pobreza o que tienen necesidad para obtener los recursos necesarios para vivir.

Por el contrario debemos estar siempre dispuestos a ayudar al que lo necesita. Sé que a veces eso es algo difícil porque hay muchas personas que mienten sobre su condición, pero nosotros debemos estar dispuestos a ayudar y podemos buscar instancias reconocidas para ayudar cómo es Caritas diocesana o parroquial.

SEGUNDO. Comenzamos a ayudar, al no desperdiciar.
Es importante que nuestros hijos hagan conciencia de que el desperdicio coopera a la pobreza porque evita que los que más necesitan tengan una vida digna.

Por eso es necesario que eduquemos a nuestros hijos para que no desperdicien.

Es así que debemos ver que se coman todo lo que se les sirve y si es necesario servir porciones más pequeñas para no tirar lo que dejan.

También debemos estar atentas a no malgastar la luz y el agua, pues son recursos que cuestan mucho y que si ahorramos un poco podremos ayudar a los que menos tienen.

Se trata de generar una cultura del ahorro y de la ayuda a los demás de forma subsidiaria, dando al que necesita y recibiendo lo que nos pueden compartir.

TERCERO. Podemos compartir con los que menos tienen.
También es muy bueno que nuestros hijos aprendan a dar, a compartir las bendiciones que Dios nos da con los que lo necesitan.

A mí me da miedo a ir a veces podemos cooperar para fomentar vicios si les damos dinero a los que nos lo piden en las esquinas, pero podemos preparar bolsitas con alguna fruta, cereales, chocolates, palanquetas, emparedados, galletas, etc. para compartir con ellos.

Una vez se acercó a mi coche una persona mayor a pedir ayuda y como no llevaba monedas le di dos mazapanes que llevaba, me asombró mucho su reacción porque, lejos de enojarse, se puso feliz y se los comió de inmediato.

Esto me ha animado a traer en la camioneta comida para compartir con los que piden ayuda en las esquinas.

Otra forma de ayudar son las esquinas de la misericordia, donde tú llevas suéteres que ya no usas y que están en buen estado, para que quien lo necesite los tome y los use.

La idea es que busquemos formas de ayudar a los más necesitados en familia.

CUARTO. Nuestros hijos también pueden compartir sus cosas.
¡Claro! Puede compartir sus juguetes o la ropa que ya no les queda, pero debemos buscar que sean nuestros propios hijos quienes la compartan con los que lo necesitan.

Podemos buscar lugares específicos como casas hogar donde nos reciban la ropa limpia y en buen estado que nuestros hijos pueden llevar a entregar.

Podemos también pedirles que una vez al año hagan limpieza de juguetes y escojan varios en buen estado para compartirlos con los niños que nada tienen.

Lo importante es que sean ellos mismos quienes los compartan para que tengan la experiencia de dar una caricia a los que la necesitan.

Y QUINTO. La oración también es una obra de misericordia.
Es cierto que a veces nosotros mismos estamos necesitados y poco podemos compartir con los demás, pero lo que nunca está de más es la oración.

Nada nos cuesta y nos regala muchísimo porque el que por otro aboga, por si intercede, es decir, que cuando nosotros oramos por los que más necesitan, estamos orando por nosotros mismos y estamos haciendo una obra de misericordia.

Que Dios nos dé la gracia de ver escuchadas nuestras plegarias y que veamos solucionadas las necesidades de tantas personas que poco tienen para vivir dignamente.

Y recuerda que lo que hagamos por el más pequeños y necesitado en este mundo, se llama estamos haciendo a Jesús.


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