Volar como águilas. Una intercesión valiosa

Intercession valiosa

Un peligro de quien habla de Dios es no hablar con él. Para hablar de Dios primero hay que hablar con él.

1) Para saber

Cuentan que en una pequeña ciudad vivía una muchacha muy guapa que tenía dos pretendientes. Uno de ellos era un muchacho muy trabajador, pero sumamente tímido y con bajo perfil social. El segundo era un muchacho muy extrovertido, alegre, bohemio y algo fanfarrón.

La muchacha estaba dudosa sobre a cuál de los dos escoger. El muchacho extrovertido le hablaba a todo el mundo de ella, de lo guapa que era, de su hermoso cabello y sus ojos encantadores; se vanagloriaba de ser el pretendiente de la chica más bella de la comarca. Al cabo de unos meses la bella muchacha había decidido y se casó con el joven... tímido y trabajador. Cuando le preguntaron al muchacho bohemio qué había pasado. Su respuesta sincera fue: “Pues que mientras yo hablaba DE ella, ¡él hablaba CON ella!”.

Un peligro de quien habla de Dios, es no hablar con Él. Para hablar de Dios primero hay que hablar con Él. El papa Francisco nos recuerda lo importante que era la oración para Jesús. El Evangelio nos lo presenta continuamente en oración. Por ejemplo, san Lucas nos escribe que antes de elegir a los Apóstoles «se fue Él al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios» (6,12-13). La oración de Jesús es un diálogo con el Padre dirigida a interceder por nosotros.

2) Para pensar

Una madre desolada por los malos pasos en que veía a su hijo fue a ver a san Francisco de Sales. Llorando, le decía al obispo de Ginebra: “Le hablo mucho a mi hijo de Dios, pero de nada sirve, cada día lo veo peor”. El santo le aconsejó: “Es bueno que le hables a tu hijo de Dios... pero es mejor que con más frecuencia hables con Dios de tu hijo: de hacerlo así, no dudes que lo verás convertido”.

Si es valiosa la oración de unos por otros, la oración de Jesús ocupa un lugar primordial. En la Última Cena Jesús le dice a Pedro: «Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca» Esas mismas palabras podemos oírlas dirigidas para cada uno, pues el amor de Jesús no cesa, incluso para quien ha pecado gravemente Jesús sigue rezando por él, dice el papa. El papa nos anima a no olvidarlo: Jesús está rezando por ti, está rezando ahora ante el Padre y le está mostrando sus heridas para que el Padre vea el precio de nuestra salvación. En este momento Jesús está rezando por ti.

3) Para vivir

Jesús no sólo quiere que recemos, sino que nos asegura que, aunque nuestra oración sea distraída, siempre podemos contar con su oración, Él nos lleva en su corazón. El papa Francisco recordó que un buen obispo le contó que en un momento muy malo de su vida y de una gran prueba, miró a lo alto de la basílica y vio escrito: “Pedro, Yo rezaré por ti”. Eso le dio fuerza y consuelo. Esto sucede cada vez que uno de nosotros se encuentra en momentos difíciles: tenemos la seguridad de que Jesús reza por él. No olvidemos que lo que nos sostiene en la vida es la oración de Jesús por cada uno de nosotros, con nombre, apellido, ante el Padre, enseñándole las heridas que son el precio de nuestra salvación. Nunca debemos dejar de confiar en Él. Sostenidas por la oración de Jesús, nuestras tímidas oraciones se apoyan en alas de águila y suben al Cielo. No olvidarlo: Jesús está rezando por mí ahora con tanto amor.

 

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