Y la Iglesia habla de ciencia

Francisco y vacuna

La Iglesia católica enseña todos los campos del conocimiento humano, precisamente por ser lo que es: una comunidad.

El papa Francisco es Técnico Químico, fue la inmediata respuesta a alguien que criticó al papa por algún comentario científico suyo, diciendo que se ocupara de religión y dejara que los científicos hablaran de ciencia. Y de nuevo escucho una objeción de quien dijo que por qué la Iglesia se pone a hablar de vacunas, que debería concretarse a hablar de cosas propias de religión. La respuesta del cardenal Sean O’Malley (arzobispo de Boston) fue muy clara: la ocupación principal de Jesús fue curar a los enfermos. Y para eso sirven las vacunas.

A quienes no tienen mucho aprecio por la religión, y en especial por la Iglesia católica, les molesta mucho que en ella se hable de temas “ajenos”, que informe, opine y critique, sobre todo cuando quien habla tiene razón, y más si es sacerdote. Pero su ceguera no les permite ver muchas cosas. Veamos.

Primero, critican a la Iglesia cuando algún sacerdote, obispo y papa tratan temas relacionados con la vida humana común. Pero pasan de noche ciertas cosas, como que la Iglesia es una organización, una comunidad humana, de la cual formamos parte todos los católicos. Y que entre nosotros hay especialistas, expertos en muchos campos del conocimiento, y que, dentro de esos expertos, los hay tanto laicos como religiosos (mujeres y varones) o sacerdotes.

También los críticos olvidan o no quieren pensar en, más bien, que la Iglesia a través de los siglos se ha ocupado de temas de ciencia, de técnica, y muy especialmente de asuntos de salud. La Iglesia ha sido centro de investigación, de enseñanza y de divulgación científica desde siempre. Muchos grandes científicos lo han sido no solamente como laicos dentro de su fe, sino como religiosos o sacerdotes, trabajando en temas humanos en todos los campos.

Durante la desacreditada Edad Media, esa que muchos tachan de siglos de “oscurantismo”, el conocimiento, la enseñanza, la escritura (manual) de libros, estuvo en mucho en manos de monjes y seglares en sus monasterios. Estudié en la Universidad Católica de Lovaina, fundada en 1425, una de varias universidades que la Iglesia fundó en esa despechada Edad Media, por su interés en formar seglares en todos los campos del saber. Si la Iglesia no se hubiera interesado vivamente, como siempre lo ha hecho, en todo ese saber humano, se hubiera concretado a fundar y mantener seminarios y monasterios dedicados a educar sacerdotes, monjas y monjes, nada más.

La Iglesia católica es una comunidad humana, que incluye a su jerarquía, a institutos religiosos y a seglares (laicos), en la cual se investiga, se conserva el saber, se escribe, y se enseñan todos los campos del conocimiento humano, precisamente por ser lo que es: una comunidad. Y una interesada en el pleno desarrollo de las personas humanas.

En realidad, quienes acusan a la Iglesia, en particular cuando quien habla o escribe es un sacerdote, prácticamente “de meterse en donde no debe”, lo hacen por enemistad a la Iglesia. O en el menos malo de los casos, por penosa ignorancia de lo que es la misma, incluyendo personas sin formación que se dicen católicas.

Con todo deber, y no sólo por derecho, en la Iglesia se seguirá enseñando, hablando y escribiendo de todos los campos del saber, de religión, de filosofía, de ciencia, de técnica y de las ciencias sociales, incluyendo, por supuesto de la política.

En el caso particular de las vacunas y el COVID-19 (tema de una conferencia de la Academia Latinoamericana de Líderes Católicos), se aclaró que es papel de la Iglesia orientar a la población sobre las verdades y las falsedades que circulan en medios y redes sobre las vacunas y el COVID-19. E igual se ocupa de algún otro tema de salud y de respeto a la dignidad de la persona humana y sus derechos fundamentales, y lo hace en voz de laicos, religiosos o sacerdotes.


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