Don Vasco a los altares

Camino a los altares

Un decreto firmado por el papa Francisco declara que Don Vasco de Quiroga practicó en grado heroico todas las virtudes, lo cual le confiere el rango de Venerable.

La noticia esperada con ansia desde hace siglos finalmente ha llegado: A Don Vasco de Quiroga le faltan dos milagros para ser proclamado santo.

Efectivamente, un decreto firmado por el papa Francisco declara que el gran evangelizador de Michoacán practicó en grado heroico todas las virtudes, lo cual le confiere el rango de Venerable.

Según el rígido procedimiento canónico encaminado a llevar un personaje a los altares, quien es proclamado Venerable, si a partir de dicha proclamación, se realiza un milagro será solemnemente beatificado. Y si, a partir de que es declarado Beato –también por su intercesión– se realiza otro milagro, el papa procederá a canonizarlo.

Según lo expuesto anteriormente, si el ahora Venerable Vasco de Quiroga realizase un milagro, pasaría a ser venerado como el Beato Vasco de Quiroga; y si –una vez beatificado– llegara a darse otro milagro, el mundo católico podría rezarle a un San Vasco de Quiroga.

Un acto de justicia el que hace la Iglesia no solamente en favor de este gran personaje nacido en 1470 en Madrigal de las Altas Torres, pequeño pueblo de Castilla la Vieja (España).

Un acto de justicia que comprende también a la España católica que durante siglos supo ser la Nación Misionera por excelencia.

Y es que, gracias al numeroso ejército de misioneros que durante siglos envió España a tierras de América y Filipinas, en estas latitudes se realizó el prodigio de que esta región del mundo sea conocida como el Continente de la Esperanza.

Páginas de gloria escribió España en la historia de la Iglesia; páginas en las cuales hubo héroes que fueron santos, de lo cual dan testimonio nombres como san Francisco Solano, Santo Toribio de Mogrovejo, los jesuitas del Paraguay, el beato Sebastián de Aparicio, el Padre Antonio Margil de Jesús, san Pedro de Betancourt, san Junípero Serra y –por supuesto– el ahora Venerable Vasco de Quiroga.

Cuando el papa Francisco visitó Morelia en febrero de 2016, ofició Misa portando el báculo y la mitra de este gran personaje a quien el filósofo francés Marcel Bataillon definió como “el español más grande que ha cruzado el Océano”.

Un hombre fuera de lo común que llegó a estas tierras de la Nueva España con más de 60 años a cuestas.

Un jurista que supo entender como el Derecho debe estar siempre en favor de las causas justas y –de modo muy especial– en favor de los más inermes.

Todos los historiadores se muestran de acuerdo en que el punto de partida de la Evangelización del Nuevo Mundo fue el Testamento que Isabel la Católica redactó el 12 de octubre de 1504.

El Derecho Civil dispone que todo testamento requiere de un albacea que se encargue de cumplir la voluntad del testador.

Tomando en cuenta lo anterior, no tenemos la menor duda de que el abogado don Vasco de Quiroga supo comportarse como fiel albacea de la Reina Isabel.

Don Vasco interpretó fielmente la voluntad de aquella Gran Reina que, por cierto, era su coterránea puesto que había nacido también en Madrigal de las Altas Torres.

Don Vasco de Quiroga, por medio de sus Ordenanzas, implantó un sistema de convivencia gracias al cual fue posible que los indígenas asentados en las riberas del Lago de Pátzcuaro viviesen dentro de un marco socioeconómico que –a más de cuatro siglos y medio– sigue admirando a los sociólogos que visitan aquellas latitudes.

Fue Don Vasco de Quiroga el gran civilizador que le demostró al mundo entero como la “Utopía” cuyo autor es Santo Tomás Moro no era una fantasía irrealizable. Nada de eso, Don Vasco, quien fue también el primer obispo de Michoacán, logró llevar a la práctica ideas que flotaban en el ambiente y gracias a ello logró fundar auténticas comunidades cristianas.

Ahora bien, Don Vasco –aparte de jurista y civilizador– fue también misionero y de ello dio prueba no solamente catequizando y bautizando sino mandando tallar la primera escultura de la Virgen María que se fabricó en el continente.

Fue así como, a partir de 1538, la Virgen de Nuestra Señora de la Salud es venerada en la monumental basílica que en su honor fue construida en Pátzcuaro.

Don Vasco se encuentra a un paso de los altares, esto se lo da su condición de Venerable.

Sin embargo, muchísimo antes de que el papa firmase dicho decreto –desde el momento mismo de su muerte– las buenas gentes de Michoacán tuvieron plena conciencia de que entre ellos había vivido un santo.

Un santo que, gracias al amor que les profesaba, supo incorporarlos a la Civilización Occidental acostumbrándolos a convivir fraternalmente, así como enseñándoles un oficio mediante el cual podrían ganarse honestamente el pan nuestro de cada día.

Un santo misionero español que hizo de su vida una ofrenda permanente en pro de la Fe, de la civilización y de sus amados purépechas.

Ignoramos cuándo, cómo y dónde puedan darse esos dos milagros que faltan para que Don Vasco sea proclamado santo.

No obstante, el pueblo le canonizó hace mucho y prueba de ello es un emotivo video que muestra el santo fervor con que los michoacanos saben venerar sus reliquias en un velatorio que se llevó a cabo en la Basílica de Nuestra Señora de la Salud.

La cada vez más cercana llegada de Don Vasco a los altares es todo un acontecimiento que llena de gloria a España (su patria de origen), a México (su patria de adopción), a Michoacán (donde se santificó y a ese bellísimo rincón de la patria que es Pátzcuaro y donde con gran honra se guardan sus restos.


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