Soul, la película

Soul el film

Soul, producción de Disney-Pixar, aborda un tema difícil y oportuno: el alma, y con ella, la realidad espiritual en el hombre y en el mundo.

Soul, la reciente producción de Disney-Pixar, estrenada durante la navidad aborda un tema difícil y oportuno: el alma, y con ella, la realidad espiritual en el hombre y en el mundo. Lo hace desde unos presupuestos intelectuales curiosos, pues se apoya en una mezcla de platonismo y esoterismo para abordarlo. En efecto, de Platón toma la preexistencia de las almas, y del esoterismo la forma en tomar contacto con la realidad espiritual. Incorpora en su desarrollo bastantes temas consolidados de la psicología contemporánea, como pueden ser las predisposiciones temperamentales o las patologías psíquicas.

El mensaje de la película resulta muy positivo y actual, si bien no está exento de importantes limitaciones. ¿Dónde radica su actualidad? En relanzar la realidad del alma, y por ende la dimensión espiritual de la vida, en medio de un mundo fuertemente tentado por el materialismo. En efecto, cuando una parte importante del mainstream científico contemporáneo, particularmente acentuado en el marco de las neurociencias, se decanta por considerar la noción del alma humana como superada, si no superflua, resulta audaz replantearla decididamente como lo hace la producción de Disney. Ya sólo este hecho merece reconocimiento, pues otorga carta de legitimidad en la cultura popular a una importante noción –la del alma– descalificada por algunos especialistas, para quienes todo su contenido se reduciría intercambios electroquímicos dentro del cerebro.

¿Dónde estriba su limitación? Aunque resulta pintoresca y amena, la elección del esoterismo como vía de contacto con la realidad espiritual resulta cuestionable; es decir, le quita seriedad y quizá legitimidad a esta dimensión de la realidad. Es verdad que, por definición, la realidad espiritual es impermeable al conocimiento científico, y en una cultura donde el prestigio de la ciencia resulta enorme, muchas veces como única garantía de conocimiento auténtico, ello supone un duro hándicap para la fundamentación de la realidad espiritual. Desde una perspectiva filosófica basta decir que, siendo impresionantes los aportes de la ciencia, esta no lo puede conocer todo. Hay otro tipo de realidades, como la espiritual, que escapan a su ámbito de estudio.

En este sentido, el filme dejó pasar una maravillosa oportunidad de aportar culturalmente un importante contenido, pues al elegir lo esotérico como forma de acceso a lo espiritual, ignora en cambio la principal forma que ha tenido la cultura humana para acceder a esa realidad, me refiero a la dimensión religiosa de la existencia. La vertiente esotérica le quita seriedad a la realidad espiritual, aunque le confiere un carácter pintoresco, todo hay que decirlo. En realidad, la principal vía de acceso al mundo espiritual en la humanidad ha sido la religiosa, la cual goza de plena legitimidad, incluso en el actual mundo desarrollado científica y tecnológicamente. Dejó pasar, en consecuencia, una magnífica ocasión para presentar cómo la religión es el necesario complemento sapiencial del hombre, que completa así su visión puramente científico-tecnológica, por ser un portal de acceso a ese otro ámbito de lo real que es la espiritualidad y con ella el alma humana. Hubiera sido un invaluable aporte para la cultura popular mostrar cómo la dimensión religiosa completa la imagen del hombre y del mundo proporcionada por la ciencia, legitimando así su carácter sapiencial y ampliando de esa forma el espectro de la razón humana más allá de lo científico-material.

Por lo demás, en esta línea, el filme ahonda oportunamente en el misterio del hombre: Redescubre la faceta espiritual del arte y la inspiración, así como su importancia para la vida de la persona y la sociedad en su conjunto. Propone de una manera atractiva la idea de vocación y de sentido en la vida de las personas. Replantea el papel del sacrificio en la vida personal, y cómo el sentido de la vida es trascendente, y puede requerir sacrificio y renuncia. Pone en valor la vida ordinaria y sus placeres sencillos, desenmascara propuestas de felicidad cimentadas exclusivamente en el éxito. Hace una sugestiva presentación de las patologías psíquicas: “las almas perdidas”, envueltas en un torbellino de pensamientos obsesivos, como plástica y original imagen de un drama frecuente en nuestra sociedad. Y todo ello de una forma ágil y entretenida; por ello, ¿qué duda cabe?, se trata de una película para disfrutar, reflexionar y, ¿por qué no?, examinar la faceta espiritual de nuestra existencia.

 

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