Visitar a la Guadalupana en tiempos del COVID

Celebración de Guadalupe

Si no se puede acudir al templo del Tepeyac y ver la imagen de la Virgen María, no es razón para pensar que al cerrar los santuarios no podemos visitarla o estar con ella.

El COVID-19 ha impedido muchas cosas a la gente, entre ellas la presencia en templos y casas de oración de todas las religiones. Estar encerrados y evitar reuniones. De esta manera, y tomando en cuenta que año con año, han llegado al Tepeyac millones de peregrinos durante el transcurso de varios días, con el mayor flujo de visitantes los días doce de diciembre, de acuerdo con autoridades civiles, se cerrará el santuario varios días. ¿Qué significa esto para los fieles?

Desde que hace varios meses se restringió el acceso a los templos, hubo quienes se quejaron de que ya no se podía visitar a nuestra Madre Santísima de Guadalupe, y hasta acusaron gravemente de ello a la jerarquía católica. Resulta, han dicho, que ya se abandonó a la Virgen, que está sola, que los obispos están mal y más aún. Pero hay que hacer una pequeña reflexión para ver que no es así.

Todo resulta de una simple confusión. Lo que tenemos en el santuario del Tepeyac es una imagen, sí, una imagen de Santa María, creada y mantenida por siglos milagrosamente, pero es una imagen. María, madre de Jesús, es una persona, con cuerpo y alma, y está en el cielo, y puede estar en donde ella quiera. Pero es un ser humano, con su cuerpo transformado para la eternidad, no es su imagen, aunque esta imagen haya sido creada por su voluntad.

El templo del Tepeyac es la sede de su milagrosa imagen en la tilma de Juan Diego, y está allí porque a este santo varón, María le pidió que allí se construyera un templo en su honor. Pero María está en el cielo. Así que, si no se puede visitar este santuario, o algún otro en donde esté una réplica de su imagen, no es razón para pensar que al cerrar los santuarios no podemos visitarla, estar con Ella.

A nuestra madre santísima, la llevamos en el corazón, bajo la advocación que sea, pues María se ha hecho presente en diversos lugares del mundo, a diferentes personas (que ella quiso) y en distintas fechas. Pero a muchos se les olvida que siempre, siempre, es la misma persona. La Virgen de Lourdes, la de Fátima o la del Tepeyac, son siempre la misma María madre de Dios.

De tal manera que, si no podemos ir a orar y charlar con Ella, con María de Guadalupe (o de Fátima, o de Lourdes) en un santuario, no significa que la jerarquía católica nos impida estar con ella. María está en el cielo, y nosotros podemos orar y pedirle su intercesión por nosotros ante su divino Hijo, siempre, desde nuestro corazón.

¿Qué es un placer visitar el santuario Guadalupano del Tepeyac? ¡Por supuesto! allí quiso ella que nos reuniéramos frente a la imagen que nos dejó de recuerdo. Pero la razón nos dice que es nuestra obligación ante Dios cuidar nuestra salud. Y a nuestra Madre María, siempre y en todas partes la tenemos con nosotros, aunque por meses, frente a su imagen, pocos hayan tenido acceso para orar, y que prácticamente nadie podrá llegar durante muchos días, pero eso pasará y volveremos a visitar esa casa construida en el Tepeyac a solicitud expresa suya, de nuestra Madre que está en el cielo.

La sagrada imagen guadalupana está en el templo del Tepeyac, pero María está siempre cerca de nuestros corazones, y Ella nos tiene en el suyo. ¡No nos aflijamos por el cierre temporal de un templo o del acceso restringido por meses! Y charlemos con nuestra Madre Guadalupana en todas partes en donde nos encontremos y, de preferencia, oremos como ella muchas veces los ha pedido, con el santo rosario en mano y las avemarías en los labios.


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