Administradores de la tierra. Otro virus: la desigualdad

Virus de la desigualdad

Vivir la virtud de la pobreza está en saber cuidar de los bienes que tenemos.

1) Para saber

Se cuenta que una señora le preguntó a su marido: –Querido, ¿qué harías si me muriera?

–Ahora sí empezaría a ahorrar– contestó su esposo.

A veces pasa lo contrario, es el esposo el que gasta y su mujer la que ahorra. Vivir la virtud de la pobreza está en saber cuidar de los bienes que tenemos. La creación, recordó el papa Francisco, se nos confió para cuidarla. La Sagrada Escritura relata que la tierra se nos dejó para cultivarla y cuidarla, como el jardín de todos. La cultivamos cuando la trabajamos, y la cuidamos cuando la protegemos y preservamos.

Un elemento clave de nuestra relación con los bienes terrenos es que los frutos de la tierra lleguen a todos. Somos administradores de la tierra. Como dice el Catecismo de la Iglesia: “La propiedad de un bien hace de su dueño un administrador de la Providencia para hacerlo fructificar y comunicar sus beneficios a otros” (n. 2404).

2) Para pensar

Los reyes católicos Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla, a fines del siglo XV, consiguieron la unión territorial bajo una corona para formar lo que hoy es España. La reina Isabel se caracterizó por su sobriedad y buena administración, entre otras cualidades. Mucho se lo debía a su confesor Fray Hernando de Talavera. Siempre recordó los dos consejos que le dio: Primero, saber que representaba a Dios en su reino, y debía de ser justa y misericordiosa. Segundo, que moderara sus gastos todo lo posible, tanto en la vida pública, como en la privada. Ambos los vivió durante su reinado.

Tras su muerte se comprobó su austeridad. Por ejemplo, guardaba los pedazos de tela sobrantes de cuando les hizo las faldas a sus hijas, para poder utilizarlos. Ello se reflejó en la estabilidad monetaria y en incrementar las rentas sin aumentar los molestos impuestos.

Una actitud para hacernos pensar si sabemos cuidar nuestras posesiones.

3) Para vivir

El confinamiento ha puesto de relieve, comenta el papa, otro virus muy peligroso que es necesario luchar por erradicarlo: la desigualdad social. Pues, aunque algunos pueden trabajar desde casa, para otros muchos esto es imposible. Ciertos niños pueden seguir recibiendo su educación escolar, pero para muchísimos otros se ha interrumpido.

La desigualdad suele ser fruto de un crecimiento económico injusto, que prescinde de los valores humanos fundamentales. Su raíz es el pecado de querer poseer y dominar la naturaleza y al mismo Dios. Pero este no es el diseño de la creación. Las propiedades y el dinero son instrumentos buenos. El peligro está en convertirlos en fines, pues convierten al hombre en un individualista y dominador, excluyendo a millones de personas de los bienes primarios. Nos olvidamos de que, siendo creados a imagen y semejanza de Dios, somos seres sociales, creativos y solidarios, con una inmensa capacidad de amar y compartir al modo de Jesús.

De una crisis o salimos mejores o salimos peores, volvió a recordar el papa. Si cuidamos los bienes que el Creador nos dona, si ponemos en común lo que poseemos para que a nadie le falte, entonces habrá esperanza de regenerar un mundo más sano y más justo. Así, de esta crisis, saldremos mejores.

 

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