Al orar ¿qué le pedimos a Dios?

Cuando pidamos favores a Dios, estemos atentos a las señales que nos digan por dónde, con qué y con quiénes podemos resolver nuestros problemas.

“Pedid y se os dará”, nos dijo Jesús; y sí, así puede ser. Pero hay que saber qué se pide y cómo se pide. Viendo al Señor como padre, comparemos con la relación padre-hijo y cómo se dan las cosas cuando se pide algo, hay sabiduría en ello.

Dios ha puesto reglas en la naturaleza y en la persona humana. Y las respeta, deja que sigan su curso. La naturaleza opera digamos mecánicamente, en un proceso indefinido de acontecimientos, que a veces nos dan sustos y causan tragedias: los llamados desastres naturales (acts of God, dicen en inglés). Cosas que nos gustan y cosas que aterran y que no quisiéramos que pasaran, o al menos que no nos afecten a nosotros, como un terremoto.

Hace a veces demasiado frío, o demasiado calor; hay tormentas, tsunamis, erupciones volcánicas, terremotos, plagas, días hermosos, un sinfín de cosas, esas que son precisamente la naturaleza como la conocemos. Dios puso las reglas y así deja que suceda.

Pero en ocasiones Dios pasa sobre sus propias reglas; no las elimina, pero de pronto las viola, es cuando ocurren lo que llamamos milagros. Milagros en cosas materiales y en personas, como desaparecer de pronto una enfermedad. A veces le pedimos favores dentro de las reglas, como que desvíe un huracán, y sucede.

En cuanto a la naturaleza humana, hablando del espíritu, de la conciencia del hombre, Dios ha puesto la libertad de elegir, entre el actuar bien o mal, en hacer o dejar de hacer. El libre albedrío… Dios no acostumbra violentarlo.

Todo esto viene a cuento respecto a lo que le pedimos a Dios, que debe estar dentro de “sus reglas”. Aunque como ya dije, a veces hace ¡milagros! Otras veces son simples favores, de cosas pequeñas relativamente, esas que no van contra las reglas. Muchas veces pedimos “milagros” a Dios y lo que realmente pedimos son favores, que nos conceda algo que es simplemente posible.

Por eso hay que reflexionar lo que pedimos a Dios. Le pedimos que nos resuelva nuestros problemas, nuestras necesidades, pero en ocasiones lo que estamos rogando es que haga nuestro trabajo, que nos ahorre el esfuerzo. Otras veces pedimos bien, por ejemplo, que sane un enfermo, cuya salud no depende de nuestras acciones. Él puede hacerlo y por medios humanos.

Cuando Dios responde a nuestros ruegos lo hace normalmente de manera sutil, no aparece la olla de las monedas de oro sobre la mesa (ni compartiendo al Buda en Facebook). Hay muchas necesidades que podemos satisfacer cuando Dios, en respuesta a nuestra oración, pone la solución a nuestro alcance. Pero hay que tener los ojos y la mente bien abiertos para ver esos medios divinos para nosotros. Así por ejemplo, le pedimos a Dios que nos de dinero, y no trabajamos, ni siquiera buscamos trabajo, queremos que nos caiga vía la lotería o por herencia de un pariente rico desconocido que nos heredó al morir en Transilvania.

Lo que no debemos hacer, y sin embargo muchas veces hacemos, es pedirle a Dios que haga nuestro trabajo, nuestra tarea, como ya dije. ¡Fácil! Y cuando no sucede así, entonces acusamos a Dios de ignorarnos, de no atender nuestros ruegos. “¡Perdóname Señor!” pero no perdonamos. “¡Que apruebe, Señor!” y no estudiamos. “¡Quiero amor, Señor!” y no amamos. “¡Cuídame, Señor!” y nos descuidamos. “¡Sácame del vicio, Señor!”, y lo seguimos disfrutando.

A menudo pedimos a Dios por acciones que dependen de la voluntad de otros, desde que un amigo, pariente o amorcito deje su enojo y nos hable, nos quiera, hasta que terminen las guerras y los crímenes en el mundo. Para lo primero, lo que Dios hace es mover los corazones y las personas tomen las decisiones correctas; no las obliga, no impone su voluntad, pero su intervención en el corazón y la razón del sujeto, eventualmente satisfarán la petición.

Pero cuando pedimos que se acaben las guerras, los grandes o menores crímenes, Dios tampoco se impone en la voluntad de los responsables de esos graves hechos. La oración “de los buenos” sin embargo, hace también que el Señor mueva los corazones y las conciencias, o afecte las condiciones, pero muchos resultados dependen de las decisiones de hombres con libre albedrío.

Atender hambrunas es un asunto que requiere la voluntad de quienes tienen el poder de satisfacerla. No lloverá maná del cielo, eso ya quedó en la historia del Pueblo Elegido. Sin embargo, Dios puede hacer también, dentro de sus “reglas”, que en donde no ha llovido (la causa de la hambruna), llueva, se pueda sembrar y la gente comer. Esa es una respuesta divina a nuestra oración.

Hay que orar siempre, así lo pide el Señor, y no para que lo veamos como un ser superior pretencioso, sino para que lo veamos como Padre bondadoso, que responde al llamado del hijo, que ha madurado. Si el hijo no pide, ya hablando en términos humanos, nada debe pasar. Muchos padres de familia desean que los hijos hagan el esfuerzo y no esperen que primero los padres y luego la vida, les den todo a cambio de su haraganía, sin siquiera pedir o tender la mano.

A un padre de familia sabio, sus hijos le piden cosas serias, no nimiedades. Lo mismo debe ser con Dios Padre, a quien le pedimos amor y bienestar, pero no está para rogarle inocentadas como “que gane mi equipo”, por ejemplo. La oración se toma en serio. Hay un dicho: “Dios no cumple antojos ni endereza jorobados”.

En fin, el Señor nos pide que oremos, y que oremos mucho (esa es nuestra parte) y Él, en su infinita sabiduría nos dará lo que más nos convenga, pero como buen padre no lo hará a cambio de nada, espera que nosotros hagamos nuestra parte; como dice una conseja popular: “a Dios rogando y con el mazo dando”. No está en la Escritura pero es un trozo de sabiduría popular.

No pidamos a Dios que vaya contra sus reglas, sino sólo cuando realmente necesitemos un auténtico milagro, como desaparecer espontáneamente una enfermedad. Y cuando pidamos favores a Dios, estemos atentos a las señales que nos digan por dónde, con qué y con quiénes podemos resolver nuestros problemas. Y cuando se trate de cosas que las personas deban hacer, tener bien claro que Dios no forzará a la gente violentando su libre decisión, sino que mueve corazones y despierta conciencias para que se actúe bien, no mal.

 

@voxfides

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