Los Diez Mandamientos ¿Necesito trasplante de corazón?

Los Diez mandamientos no son negaciones para la vida ante Dios, son también considerados como la forma de amarse y amar al prójimo 

Los Diez mandamientos y formas distintas de verlos

1) Para saber

En su anterior catequesis el Papa Francisco concluyo su reflexión sobre los Diez Mandamientos considerándolos en su conjunto.

Si contemplamos la vida a la que nos invitan los Diez Mandamientos nos encontramos delante de Cristo, pues el Decálogo es como su radiografía: nos describen una vida llena de libertad, fiel, generosa, amante de la vida, agradecida y sincera: “Mirando a Cristo vemos la belleza, el bien, la verdad”. Por ello, no se pueden ver a los mandamientos como simples prohibiciones, sino que son una invitación a una vida plena, evitándonos caer en la esclavitud de los ídolos de este mundo.

Aunque algunos mandamientos están dicho de modo negativo, como no robar, no insultar, no matar, no mentir, no tener malos pensamientos–, esos “no” se transforman en un sí al amar, sí a dar lugar a los otros en mi corazón puro, sí a ser veraz y respetuoso. Esta es la plenitud de la ley que Jesús ha venido a traernos. En Cristo, y solo en Él, el Decálogo se convierte en la auténtica verdad de la vida humana, es decir, deseo de amor.

2) Para pensar

San Juan Bosco dedicó mucho esfuerzo en formar a jóvenes. Tarea que tuvo sus frutos. En una ocasión en que les habló de santidad a un grupo de jovencitos, uno de ellos se acercó y le confesó que sentía un gran deseo de ser santo. Era Domingo Savio, quien también llegaría a ser santo. El Espíritu Santo había sembrado en su corazón el deseo de santidad y cumplió con cuidado los diez mandamientos, prefiriendo morir a ofender al Señor, decía.

Poco después San Juan Bosco le preguntó qué desearía como regalo de cumpleaños. El muchacho le reiteró sus deseos: “El regalo que le pido es que me ayude a ser santo. Quiero darme todo al Señor, para siempre. Siento verdadera necesidad de hacerme santo; y si no me hago santo, no hago nada. No será feliz mientras no lo sea”.

Santo Domingo Savio, nació el 2 de abril de 1842 y murió tres semanas antes de cumplir los 15 años de edad, siendo uno de los santos, no mártires, más jóvenes de la Iglesia católica. Su fiesta se celebra el seis de mayo. 

Pensemos si fomentamos en nuestro corazón los buenos deseos inspirados por el Espíritu Santo.

3) Para vivir

Para vivir según los mandamientos, necesitamos un corazón nuevo. El Papa Francisco se pregunta: “¿Cómo ocurre este trasplante de corazón, del corazón viejo al corazón nuevo?” Eso ocurre cuando comenzamos a querer cumplir los buenos deseos de ser mejores, de querer agradarle a Dios. Esos deseos sembrados por Espíritu Santo comienzan a crecer en nuestros corazones y así vamos adquiriendo un corazón nuevo. Son deseos del bien, de hacer el bien, de alegría, de paz, de magnanimidad, de benevolencia, de mansedumbre, dominio de sí, de la belleza de la fidelidad, de la generosidad y de la autenticidad.

Esos buenos deseos nos rescatan del engaño de las idolatrías que tienen poder sobre nosotros. Cuando seguimos el deseo de vivir según Cristo, entonces abrimos la puerta a la salvación, y se encuentran la alegría de Dios por amarnos y nuestro gozo por ser amados. El Decálogo es contemplar a Cristo y recibir al Espíritu Santo con los santos deseos de santidad que nos inspira.

 

Te puede interesar: ¿Soy un terrorista sin saberlo?  

 

@yoinfluyo

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com